La primera Navidad sin él o sin ella: la silla vacía
La primera Navidad después de una muerte suele ser de las fechas más difíciles, porque todo está pensado para estar juntos y su silla se queda vacía. No hay que elegir entre celebrar como siempre o esconderse: podéis decidir en familia qué hacer, dar un sitio a quien falta y permitiros estar tristes en mitad de la fiesta.
Por qué esta Navidad duele tanto
Las luces llegan a las calles semanas antes, los anuncios hablan de familias completas y las canciones suenan en todas partes. Para quien ha perdido a alguien, cada villancico puede ser un recordatorio. Además, la Navidad está llena de costumbres que tenían su sello: él trinchaba el pavo, ella hacía los turrones, era quien ponía el belén o quien llamaba a todos para que vinieran.
Es normal sentir a la vez ganas de que pase rápido y miedo de que pase, porque cada año que se cierra parece alejarle un poco más. También es normal tener momentos de risa y sentirte mal por ello. La alegría no traiciona a nadie. Sobre cómo se viven estas fechas en general, puedes leer las fechas que duelen.
Decidir en familia cómo queréis pasarla
Lo que más ayuda es hablarlo antes, con calma, en lugar de llegar a Nochebuena sin saber qué va a pasar. Cada persona de la familia puede necesitar algo distinto, y está bien decirlo en voz alta.
Preguntad qué le apetece a cada uno: unos querrán mantener todo igual, como homenaje, y otros no podrán soportarlo.
Buscad un punto medio: la misma cena pero en otra casa, menos invitados, otro horario, saltarse la parte que más duele.
Repartid las tareas que hacía él o ella. Que nadie cargue con todo, y que nadie tenga que imitarle a la fuerza.
Acordad algo sencillo para recordarle, para que no sea un tema que nadie se atreve a tocar.
Dejad una salida: si alguien necesita levantarse de la mesa un rato, que pueda hacerlo sin dar explicaciones.
Y si este año no queréis celebrar, no pasa nada. Se puede cenar en pijama, salir de viaje o pasar la noche viendo películas. La Navidad volverá el año que viene, y el siguiente, y quizá entonces tengáis más fuerzas.
La silla vacía: gestos para que esté presente
Muchas familias sienten que ignorar su ausencia duele más que nombrarla. Un gesto pequeño en la mesa permite que esté, a su manera, y da permiso a todos para hablar de él o de ella.
Encender una vela junto a su sitio, o en el centro de la mesa, al empezar la cena. Si estáis repartidos por distintas ciudades, una vela virtual puede uniros.
Cocinar su receta: las croquetas de la abuela, el cordero de papá, el dulce que solo ella sabía hacer. Que alguien la cocine con su libreta delante.
Brindar por él o por ella. Basta con levantar la copa y decir su nombre; quien quiera, puede añadir algo.
Poner su foto en un lugar visible, o un objeto suyo en la mesa: sus gafas, su servilleta de siempre.
Colgar un adorno nuevo en el árbol con su nombre o con una palabra que le represente.
Escuchar la canción que siempre ponía, aunque se os haga un nudo en la garganta.
Dejar un cuaderno o una caja donde cada uno escriba un recuerdo suyo para leerlo después.
Encender una estrella por él o por ella en compartiendo.org y leer juntos las frases con las que otras personas la acompañan.
Si hay niños en casa
Los niños notan la ausencia aunque no la nombren, y a menudo se preguntan si pueden estar contentos o si deben estar tristes. Diles claramente que las dos cosas están permitidas: que se puede abrir regalos con ilusión y echar de menos al abuelo en el mismo rato.
Dales un papel en el recuerdo: que hagan un dibujo para dejar en su silla, que elijan el adorno, que cuenten qué le gustaba de la Navidad. Si preguntan dónde está o si va a venir, responde con palabras sencillas y verdaderas, sin metáforas que confundan. En cómo hablar a un niño de la muerte tienes ideas según la edad.
Mantén las rutinas que les dan seguridad, como la carta a los Reyes o el roscón, aunque los mayores estéis con menos ánimo. Para ellos, que algunas cosas sigan igual es un refugio.
Cuidarte en esos días
No digas que sí a todo. Elige las reuniones que te hacen bien y disculpa las demás.
Ten un plan de escape: tu propio coche, una hora para irte, alguien que sepa que puedes necesitar salir.
Busca un rato de silencio para ti, un paseo por la mañana o unos minutos antes de dormir.
Cuidado con el alcohol: anestesia un rato y luego deja la pena más a flor de piel.
Si alguien dice algo torpe con buena intención, no tienes que contestar. Basta con un «gracias» y cambiar de tema.
Llora cuando lo necesites. En llorar verás por qué no hace falta aguantarse.
Piensa en quien también está de duelo y quizá se siente apartado: una llamada el día 24 puede valer mucho.
Frases para la primera Navidad sin él o sin ella
Para un brindis, para una tarjeta, para dejar junto a su sitio o para escribir en una estrella. Si buscas palabras para acompañar a otra persona, tienes también frases de consuelo.
Esta Navidad tu silla está vacía, pero la mesa sigue llena de ti.
Brindo por ti, que nos enseñaste a juntarnos aunque costara.
Hemos hecho tu receta. No sale igual, pero sabe a ti.
Faltas en la foto, pero no faltas en ninguno de nosotros.
Esta noche encendemos una vela para que tu luz siga en casa.
Hoy te echamos de menos más que nunca, y también te damos las gracias.
Que donde estés te llegue el ruido de esta familia que tanto quisiste.
No celebramos como siempre, pero te recordamos como siempre.
Tu villancico ha sonado y todos nos hemos callado un momento por ti.
La primera Navidad sin ti es también la primera en que te llevamos dentro.
Gracias por cada Nochebuena que nos regalaste. Esta va por ti.
Un sitio vacío en la mesa y un sitio enorme en el corazón.