Un universo compartido › Blog › Llorar: por qué a veces alivia · English
Llorar alivia muchas veces, pero no siempre: depende sobre todo de si alguien responde con cariño, de si lo que dolió se entiende o se arregla un poco y de si se llora sin vergüenza. Se dice que llorar desahoga. Muchas veces es verdad, pero no siempre. El psicólogo Ad Vingerhoets, de la Universidad de Tilburg (Países Bajos), ha encontrado con sus colegas que depende mucho de cómo y con quién se llora.
Cuando se pregunta a la gente por la última vez que lloró, la mayoría dice que después se sintió mejor. Lauren Bylsma, Ad Vingerhoets y Jonathan Rottenberg lo preguntaron a más de cinco mil estudiantes de treinta y cinco países en un estudio publicado en 2008.
Ese alivio era más probable si alguien estuvo cerca y respondió con apoyo, si lo que provocó las lágrimas se pudo resolver un poco o si, al llorar, la persona llegó a entender mejor lo que le pasaba.
En ese mismo estudio, llorar aliviaba menos cuando se hacía con vergüenza o intentando contenerse. Una revisión de 2014 de Asmir Gračanin, Bylsma y Vingerhoets añade que ayuda más la compañía de una persona cercana que la de mucha gente. Tampoco ayuda cuando lo que duele sigue exactamente igual después.
Y en momentos de mucho abatimiento puede no traer ningún alivio. La misma revisión recoge que la tristeza profunda, la ansiedad y la dificultad para reconocer las propias emociones se relacionan con sentirse peor después de llorar, y que algunas personas deprimidas no consiguen llorar. Eso no significa que lo estés haciendo mal.
Hay un matiz curioso. Cuando se pregunta por un llanto pasado, casi todos recuerdan alivio. Pero en un estudio con diarios, el llanto mejoró el ánimo solo en alrededor de un tercio de las ocasiones, y en el laboratorio, justo después de llorar con una película triste, el ánimo suele ser peor.
Los autores de la revisión creen que el recuerdo puede embellecer las cosas y que, si llega, el alivio necesita algunos minutos. Por eso no conviene esperar sentirse bien en cuanto se secan las lágrimas: a veces la calma llega un rato después.
Vingerhoets y sus colegas proponen que el llanto es, sobre todo, una señal para los demás: dice «necesito a alguien» sin palabras. La revisión de 2014 recuerda que las lágrimas visibles despiertan empatía y ganas de ayudar en quien las ve. Por eso alivia más en compañía. No es una debilidad; es una de las maneras más antiguas que tenemos de pedir cercanía.
Si alguien llora delante de ti, lo que más ayuda suele ser lo más sencillo: quedarte cerca, no meter prisa, no pedirle que pare. En los estudios de este equipo, sentirse apoyado es de lo que más se asocia al alivio, y la vergüenza de lo que más lo frena. Un pañuelo, una mano en el hombro o un «aquí estoy» dicen mucho.
Hay personas que quieren llorar y no pueden. También es normal. El dolor encuentra otros caminos: escribir, caminar, hablar, estar un rato en silencio con alguien.
A veces ayuda empezar por ponerle palabras a lo que se siente; de eso se habla en ponerle nombre a lo que sientes.
Llorar es una respuesta sana ante una pérdida o un disgusto. Pero si lloras casi todos los días durante semanas, si la tristeza no se va o si ya no disfrutas de nada, coméntalo con tu médico de cabecera o con un psicólogo. No hace falta tener una razón «suficiente» para pedir ayuda. Si lo estás pasando muy mal, puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito, confidencial y te atienden las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, llama al 112.
En Un universo compartido puedes encender una estrella con lo que te ha hecho llorar. No verás a quien la lea, pero sabrás que ha pasado por allí y te ha dejado unas palabras.
Puedes escribirlo sin decir quién eres, y elegir si brilla por ti, por alguien o por alguien que ya no está. Si te ayuda poner en palabras lo que pesa, aquí tienes más sobre por qué ayuda contarlo.