Carta a quien ya no está: escríbele lo que te quedó por decir
Escribir una carta a un ser querido que ha muerto es una forma de decirle lo que te quedó dentro: lo que agradeces, lo que recuerdas, lo que no te dio tiempo a decir. Aquí puedes escribirla con unas preguntas que te guían, y lo que escribas se queda en tu dispositivo: no se envía a ningún sitio ni lo lee nadie.
Por qué escribirle puede ayudar (y lo que no promete)
Cuando alguien muere, muchas cosas se quedan a medio decir. Ponerlas por escrito ordena lo que da vueltas en la cabeza y le da un sitio. No es magia ni sustituye a nada, pero a muchas personas les trae un alivio que no esperaban.
La investigación sobre la llamada escritura expresiva empezó en 1986 con un estudio de James W. Pennebaker y Sandra Beall: 46 estudiantes universitarios escribieron cuatro días seguidos sobre una experiencia dolorosa o sobre temas sin importancia. Quienes escribieron sobre lo que pasó y sobre lo que sintieron salieron de cada sesión más tristes y con la tensión algo más alta, pero en los seis meses siguientes fueron menos veces al centro de salud de la universidad. Los propios autores pidieron tomar esos resultados como preliminares.
Más tarde, Pennebaker revisó una década de estudios y observó que lo que mejor predecía el beneficio era cómo cambiaba la forma de pensar y de poner en palabras lo vivido a lo largo de los días. Una revisión de 146 estudios, publicada en 2006, confirmó un efecto positivo, aunque pequeño.
Conviene decirlo con claridad: los efectos son modestos y no a todo el mundo le sirve. En un estudio con personas en duelo reciente, escribir así no redujo el malestar frente a quienes no escribieron. Por eso esta carta no es un tratamiento, sino una invitación. Y si los primeros días te remueve y te deja más triste, es normal; ya se vio en aquel primer estudio. Puedes parar cuando quieras y volver otro día.
Escribe tu carta
Lee las preguntas y quédate con las que te digan algo. No hace falta contestarlas todas ni en orden. Escribe como le hablarías si lo tuvieras delante, con sus motes, con vuestras bromas, con tus palabras de siempre.
Lo que escribes no se envía a ningún servidor ni lo lee nadie: se guarda solo en este dispositivo, en este navegador, hasta que lo borres.
¿Qué es lo que más te gustaría decirle y no te dio tiempo?
¿Qué le agradeces? Lo grande y también lo pequeño de cada día.
¿Qué recuerdo suyo vuelve una y otra vez? Cuéntaselo con detalle.
¿Qué te enseñó que todavía usas sin darte cuenta?
¿Qué le contarías de tu vida de ahora, de lo que ha pasado desde que se fue?
¿Hay algo que le perdonas, o algo por lo que te gustaría pedirle perdón?
¿Qué echas de menos de un día normal a su lado?
¿Qué te gustaría que supiera de cómo estás hoy?
¿Qué parte de él o de ella quieres seguir llevando contigo?
¿Cómo te gustaría despedirte, o cómo te gustaría no despedirte nunca?
Cómo escribirla sin bloquearte
Empieza por su nombre, o por como le llamabas tú: «Mamá», «Abuelo», «Mi vida». Lo demás suele venir detrás.
No corrijas mientras escribes. No es un examen ni un texto para nadie más; las faltas y las frases a medias también valen.
Si te quedas en blanco, escribe «no sé qué decirte» y sigue. Muchas veces lo importante aparece después de esa frase.
Puedes escribir varios días. En los estudios de escritura expresiva se escribía varios días seguidos; aquí la carta se guarda en tu dispositivo y la retomas cuando quieras.
Escribe también lo bueno y lo pequeño: el olor de su cocina, cómo se reía, la canción que cantaba mal.
Si la relación fue difícil, también cabe. Puedes decirle lo que te dolió, y puedes no perdonar si todavía no te sale.
Cuando termines, haz algo amable contigo: un paseo, una ducha, un rato con alguien que te quiera.
Lo que escribes es tuyo y no sale de aquí
Esta herramienta funciona dentro de tu navegador. Lo que escribes no se envía a ningún servidor y nadie lo lee, tampoco yo. Se guarda solo en este dispositivo, en este navegador, hasta que tú lo borres. Si vuelves a esta página desde el mismo dispositivo, encontrarás tu carta donde la dejaste.
Por eso mismo, si usas un dispositivo compartido, piensa en borrarla al terminar. Y si cambias de móvil, borras los datos del navegador o usas una ventana privada, la carta se pierde: si quieres conservarla, descárgala como archivo de texto o imprímela.
Qué hacer después con la carta
Esta carta no es para enviarla. Es para ti, y lo que hagas con ella también es cosa tuya. Algunas ideas que a otras personas les han servido:
Guardarla impresa dentro de un libro suyo, en una caja con sus cosas o junto a una foto.
Releerla en su aniversario y, si quieres, añadirle unas líneas cada año. En el aniversario de fallecimiento tienes más ideas para ese día.
Leerla en voz alta ante su tumba, en el lugar donde esparcisteis sus cenizas o en un sitio que le gustaba.
Quemarla con cuidado, en un lugar seguro, como quien suelta algo que ya ha dicho.
Enterrarla al pie de una planta o de un árbol que plantes en su memoria.
Compartir un trozo con alguien que también le quería, si te apetece y cuando te apetezca.
Llevar una frase de la carta a una estrella en compartiendo.org, sin nombres, para que otras personas la acompañen. Mira cómo en una estrella por un ser querido.
Cuando escribir no basta
A veces la pena pesa tanto que ni escribir, ni hablar, ni el paso del tiempo la alivian. Si pasan los meses y no consigues dormir, comer o hacer tu vida, no te lo guardes: cuéntaselo a tu médico de familia o busca a un psicólogo con experiencia en duelo. Pedir ayuda no es fallarle a quien se fue. Y llorar tampoco es debilidad: en llorar verás por qué.