Un universo compartido › Blog › Cómo hablar a un niño de la muerte · English
A un niño se le explica la muerte con la verdad, con palabras sencillas y claras («ha muerto», «su cuerpo ha dejado de funcionar») y a la medida de lo que puede entender por su edad. Las frases suaves como «se ha dormido» o «se ha ido» suelen confundir más que proteger. Cuando muere alguien de la familia, el primer impulso es proteger a los niños: no decírselo, o decírselo a medias. Pero los niños se dan cuenta de que pasa algo, y lo que imaginan suele ser peor que la verdad.
La idea de la muerte se forma poco a poco. En 1984, los investigadores Speece y Brent revisaron los estudios que había sobre cómo la comprenden los niños y la separaron en tres ideas: que es para siempre, que el cuerpo deja de funcionar y que les pasa a todos los seres vivos. Según su revisión, la mayoría de los niños sanos de sociedades urbanas e industrializadas han entendido las tres hacia los cinco a siete años.
La guía sobre el duelo del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos da una orientación por edades algo distinta. Las edades son aproximadas, porque cada niño va a su ritmo:
El Servicio Nacional de Salud británico recuerda en su página sobre los niños y el duelo que hablar de forma directa, sincera y abierta les ayuda más que intentar protegerlos ocultándoles la verdad.
La guía del Instituto Nacional del Cáncer aconseja usar palabras directas como «ha muerto» o «muerte», y avisa de que expresiones como «está durmiendo» o «lo hemos perdido» pueden confundir a los niños.
Saber que no ha sido culpa suya, que quien lo cuida va a seguir ahí y que puede estar triste y también jugar. Muchos niños temen morir ellos también o que se vaya el padre o la madre que queda, y necesitan oír que van a estar a salvo y bien cuidados.
Los niños entran y salen de la pena deprisa: jugar un rato después no significa que no les importe. A veces meten la muerte en sus juegos, y eso también es una forma de entender lo que ha pasado. Puede que vuelvan a preguntar por esa persona meses o años después, en momentos importantes de su vida.
Verte llorar no tiene por qué asustarle si le explicas por qué lloras: le enseña que estar triste por alguien a quien se quiere se puede compartir. Si te preguntas por qué a veces llorar alivia, hay más en Llorar es bueno.
Dejarlo fuera de todo puede hacer que se sienta apartado. Lo que suele ayudar es explicarle antes qué va a ver y qué va a pasar, y dejar que elija si quiere ir. Nunca a la fuerza. También puede despedirse a su manera: con un dibujo, una carta o una flor.
Hacer algo juntos en su recuerdo ayuda: un dibujo, una caja con sus cosas, mirar fotos, contar historias de esa persona. Con el tiempo, esa caja de recuerdos puede convertirse en un sitio al que volver cuando lo eche de menos.
Si pasados unos meses el niño sigue muy cambiado (no duerme, no quiere ir al colegio, se aísla o tiene miedos que no le dejan vivir), coméntalo con su pediatra. Y cuida también tu propio duelo: para acompañar a un niño hace falta que alguien te acompañe a ti. Si lo estás pasando muy mal, puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito, confidencial y te atienden las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, llama al 112.
Si quieres, podéis encender juntos una estrella en Un universo compartido «Por alguien que ya no está» y enseñársela. Se escribe por qué brilla, sin nombres, y otras personas la acompañan con palabras de consuelo, esperanza, alegría o memoria. Brilla siete días, y podéis volver para que siga encendida.