Un universo compartido › Blog › Cuando no puedes dejar de darle vueltas · English
Darle vueltas una y otra vez a lo mal que te sientes, a por qué te pasa y a lo que vendrá después tiene nombre: rumiación. No acerca a la solución y suele dejar más triste, pero hay maneras sencillas de ir saliendo del bucle. Hay pensamientos que vuelven una y otra vez: por qué pasó, qué hice mal, qué va a ser de mí. Parece que pensando más se va a encontrar la salida, pero casi nunca ocurre.
La psicóloga Susan Nolen-Hoeksema la describió como quedarse dando vueltas a lo mal que uno se siente, a sus causas y a sus consecuencias, sin pasar a hacer nada. No es pensar en un problema para resolverlo: es repasarlo sin avanzar, como quien vuelve a abrir una y otra vez la misma carta.
En un estudio que publicó en el año 2000, las personas que más rumiaban tenían más probabilidades de pasar después por un episodio de depresión, y también más síntomas de ansiedad. La rumiación era especialmente frecuente en quienes sentían a la vez tristeza y angustia.
Parece lógico: si le doy suficientes vueltas, encontraré la respuesta. Pero en 2008 Nolen-Hoeksema, Blair Wisco y Sonja Lyubomirsky repasaron lo que se sabía y lo que encontraron va en sentido contrario. Rumiar agrava la tristeza, vuelve más negros los pensamientos, entorpece la capacidad de resolver problemas y frena a la hora de actuar. Con el tiempo, además, puede alejar a los demás, que no saben cómo ayudar ante el mismo tema repetido.
Por eso la rumiación engaña: se vive como un esfuerzo por entender, y en realidad deja a la persona más cansada, más triste y con menos ganas de dar el paso que la ayudaría.
Pensar en un problema lleva a algún sitio: una decisión, un paso, una conversación. Rumiar da vueltas en círculo. Una pregunta sencilla ayuda a distinguirlos: «¿llevo un rato con esto y sé algo nuevo?». Si la respuesta es no, es rumiación.
La revisión de 2008 también la separa de otra manera de pensar en uno mismo que sí puede ayudar: la reflexión que busca comprender y lleva a algo. Y tampoco es exactamente lo mismo que preocuparse por lo que puede venir: de eso se habla en las preocupaciones que llegan de noche.
Ninguna de estas ideas borra el pensamiento de golpe. Lo normal es que vuelva, y que haya que repetir el gesto muchas veces. Cada vez que te das cuenta de que estabas rumiando y cambias de rumbo, aunque sea un minuto, ya estás saliendo.
Cuando alguien se descubre rumiando, es fácil añadir un reproche: «otra vez con lo mismo». Ese reproche se convierte en un pensamiento más al que dar vueltas. Ayuda más hablarte como le hablarías a una persona querida que estuviera pasando por lo mismo: con calma, sin prisa, reconociendo que lo que te preocupa importa.
No se trata de dejar de pensar en lo que te duele, sino de pensar en ello de otra manera: en momentos elegidos, con alguien al lado o con un papel delante, y no a todas horas.
Si llevas semanas atrapado o atrapada en los mismos pensamientos, si te cuesta dormir, comer o hacer tu vida, o si la tristeza no se va, coméntalo con tu médico de cabecera o con un psicólogo. No hace falta esperar a estar muy mal para pedir ayuda. Si lo estás pasando muy mal, puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito, confidencial y te atienden las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, llama al 112.
En Un universo compartido puedes escribir en pocas líneas eso a lo que no dejas de dar vueltas y encender una estrella con «Lo que me pesa». Ponerlo en palabras y saber que alguien lo ha leído ayuda a soltarlo un poco.
Es anónimo y gratuito, sin cuentas ni registro. Otras personas la leerán y la acompañarán con un toque o con unas palabras de consuelo, y tú verás cuántas veces lo han hecho. La estrella brilla siete días.