Un universo compartido › Blog › Pedir ayuda cuando cuesta · English
Cuesta pedir ayuda porque calculamos mal: pensamos que los demás dirán que no o que les vamos a molestar, y los estudios muestran que aceptan mucho más de lo que esperamos y que ayudar les sienta bien. Pedirla de forma directa y concreta lo hace más fácil. Pedir ayuda cuesta. Tememos molestar, parecer débiles o que nos digan que no. Y sin embargo, casi todos ayudamos con gusto cuando alguien nos lo pide.
Los psicólogos Francis Flynn y Vanessa Lake, en seis estudios publicados en 2008, pidieron a varias personas que calcularan cuántos desconocidos aceptarían hacerles un favor sencillo, y después comprobaron cuántos aceptaban de verdad, tanto en experimentos como en la calle. La gente dijo que sí con mucha más frecuencia de la esperada: quienes pedían llegaron a subestimar la respuesta hasta en un cincuenta por ciento.
Su explicación es que quien pide piensa sobre todo en la molestia que causa, y no en lo difícil que le resulta al otro decir que no.
Años después, Xuan Zhao, de la Universidad de Stanford, y Nicholas Epley, de la Universidad de Chicago, volvieron a la pregunta en un trabajo de 2022 con más de dos mil adultos. En situaciones imaginadas, en recuerdos y en encuentros reales, quienes pedían ayuda subestimaron una y otra vez lo dispuestos que estaban los demás a ayudar y sobrestimaron lo mucho que les iba a molestar. A quien ayuda le mueve, más de lo que creemos, el deseo sincero de hacer algo por otro.
Los autores lo resumen como una barrera equivocada: dejamos de pedir lo que necesitamos por una idea de los demás que no se corresponde con lo que sienten. Piensa en la última vez que alguien te pidió algo que podías dar: lo más probable es que lo hicieras con gusto, y que te alegrara que contara contigo.
A ese error de cálculo se suman otras cosas que todos conocemos: el miedo a parecer débiles, la costumbre de ser quien ayuda y no quien pide, la sensación de que habría que poder con todo. Cuando lo que pesa es una pena o un agobio, además, cuesta encontrar las palabras.
Pedir compañía no es egoísmo; de eso se habla en una estrella por ti. Y si lo que más cuesta es no tener a quién recurrir, quizá te sirva leer sobre la soledad no deseada.
A veces la respuesta es no, y duele. Casi siempre tiene más que ver con el momento de la otra persona que contigo. Un no a una petición concreta no es un no a ti. Puede servir agradecer que lo haya pensado y probar más adelante, o con otra persona.
Y si alguna vez te ayudan, puedes devolverlo cuando llegue el momento, a esa persona o a otra, sin llevar la cuenta.
Cuando lo que pesa dura semanas y no deja vivir, pedir ayuda a un profesional es una buena decisión. El primer paso puede ser tu médico de cabecera, que puede orientarte hacia un psicólogo si lo necesitas. Si lo estás pasando muy mal, puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito, confidencial y te atienden las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, llama al 112.
Encender una estrella en Un universo compartido es una forma de pedir compañía sin tener que decir quién eres. Quien la lee te deja unas palabras, y a veces eso da el empujón para pedírsela después a alguien cercano.
No es un servicio de ayuda ni sustituye a nadie, pero es gratuito, anónimo y no pide cuentas ni registro. Tu estrella brilla siete días, y puedes volver a contar cómo va.