×
compartiendo.org

Un universo compartido › Blog › La soledad no deseada · English

La soledad no deseada

Acompañar a otros · 5 min de lectura · Publicado el 6 de octubre de 2026, revisado el 8 de octubre de 2026

La soledad no deseada es el sentimiento doloroso de echar de menos más compañía o una compañía más cercana de la que se tiene; no depende de cuánta gente haya alrededor. Lo que más ayuda, según los estudios, es empezar por contactos pequeños y, sobre todo, aprender a no creer del todo la desconfianza que la propia soledad despierta. Se puede estar entre mucha gente y sentir una gran soledad, y se puede vivir sin nadie en casa y no sentirla.

Qué es y a cuántos toca

La Organización Mundial de la Salud la define como el sentimiento doloroso que surge de la distancia entre las relaciones que deseamos y las que tenemos. El aislamiento social es otra cosa: la falta objetiva de relaciones. Se puede tener uno sin la otra.

En 2025, la comisión de la OMS sobre conexión social calculó que una de cada seis personas en el mundo se ve afectada por la soledad, y que se asocia a más de ochocientas setenta mil muertes al año. Entre los jóvenes de 13 a 29 años, entre el 17 y el 21 % dice sentir soledad, con las cifras más altas en la adolescencia. No es cosa solo de personas mayores.

Una señal, no un defecto

El neurocientífico John Cacioppo, de la Universidad de Chicago, que dedicó su vida a estudiarla, la comparaba con el hambre: igual que el hambre cuida del cuerpo, la soledad avisa de que nos falta la compañía de otros. No dice nada malo de quien la siente. Dice que somos una especie hecha para vivir con otros.

Por qué importa

La psicóloga Julianne Holt-Lunstad y sus colegas reunieron en 2010 148 estudios con más de trescientas mil personas y encontraron que quienes tenían relaciones sociales más fuertes tenían más probabilidades de seguir con vida al cabo de los años. El efecto era comparable al de factores de riesgo bien conocidos para la salud.

Conviene leer el dato con cuidado: lo que pesaba más era estar integrado en una red de relaciones, mucho más que el simple hecho de vivir con alguien o sin nadie. La soledad es una pena que merece tomarse en serio, pero no es una sentencia.

La trampa

Cacioppo observó algo importante: cuando la soledad se alarga, nos vuelve desconfiados. Con Louise Hawkley describió en una revisión de 2010 cómo la soledad pone a la persona en alerta ante posibles rechazos, de forma casi automática, y cómo tiñe lo que vemos, lo que esperamos y lo que recordamos de los demás.

Empezamos a esperar el rechazo, a leer mal los gestos de los demás y a retirarnos antes de que nos dejen de lado. Y eso aleja más. Saber que esa desconfianza es un efecto de la soledad, y no la verdad sobre los demás, ayuda a no hacerle tanto caso.

Qué ayuda

Un equipo con Cacioppo entre los autores revisó en un metaanálisis de 2011 los intentos de reducir la soledad: mejorar las habilidades sociales, dar más apoyo, crear ocasiones de contacto y trabajar los pensamientos que alimentan la desconfianza. En los estudios mejor hechos, lo que más funcionó fue esto último. Tener ocasiones de ver gente ayuda, pero ayuda más cuando uno se atreve a creer que es bienvenido.

Si te cuesta dar el primer paso con gente que no conoces, en la amabilidad de un desconocido verás por qué esos encuentros breves suelen salir mejor de lo que imaginamos.

Si pesa demasiado

Si la soledad viene con tristeza que no se va, con falta de ganas de todo o con la sensación de que a nadie le importaría que no estuvieras, merece la pena contarlo a tu médico de cabecera o a un psicólogo. No es exagerar: es cuidarte. Si lo estás pasando muy mal, puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito, confidencial y te atienden las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, llama al 112.

Y si hoy te sientes así, en si hoy te sientes solo o sola hay unas palabras pensadas para este momento.

Compañía, aunque no sepas de quién

En Un universo compartido puedes encender una estrella y contar cómo te sientes. Y también puedes acompañar las de otras personas, que es otra manera de estar con alguien.

La estrella no lleva tu nombre. Otras personas la leerán y la acompañarán con un toque o con unas palabras, y tú verás cuántas veces la han acompañado y qué te han dicho. No es una terapia ni un chat: es un gesto pequeño de alguien que se ha parado a leerte.

Fuentes

Sigue leyendo

✦ Enciende tu estrella