×
compartiendo.org

Un universo compartido › Blog › La ilusión de lo que está por venir · English

La ilusión de lo que está por venir

Esperar y tener esperanza · 5 min de lectura · Publicado el 23 de octubre de 2026

Una semana antes de un viaje, de una boda o de ver a alguien a quien no ves desde hace meses, algo cambia por dentro. Los días se llevan mejor solo porque hay algo en el horizonte. Esa alegría tiene en castellano un nombre muy nuestro, ilusión, y la psicología la ha medido.

Imaginar el futuro emociona más que recordar

En 2007, los psicólogos Leaf Van Boven y Laurence Ashworth publicaron cinco experimentos con una conclusión clara: sentimos con más intensidad lo que está por llegar que lo que ya pasó. Lo comprobaron, entre otras cosas, con una fiesta familiar muy esperada en Estados Unidos, el Día de Acción de Gracias, y con unas vacaciones de esquí imaginarias con todo pagado. En todos los casos, la emoción era más intensa al pensar en lo que venía que al recordar lo vivido.

La explicación que encontraron es sencilla. Cuando pensamos en el futuro lo imaginamos con más detalle que cuando repasamos el pasado: lo vemos, lo ensayamos, le damos vueltas. Esa película interior es la que enciende la emoción.

Tiene una cara menos amable. Ocurrió también con cosas desagradables, como unos ruidos molestos: lo malo pesa más mientras llega que cuando se recuerda. Por eso la ilusión y el miedo se parecen tanto. Los dos viven del futuro.

Las vacaciones empiezan antes de salir

En 2010, Jeroen Nawijn y su equipo preguntaron por su felicidad a 1.530 neerlandeses, 974 de los cuales tenían un viaje por delante. Antes de irse, quienes iban a viajar eran más felices que quienes no, posiblemente por la ilusión. A la vuelta, la diferencia había desaparecido, salvo en quienes habían tenido unas vacaciones muy relajadas.

No quiere decir que viajar no valga la pena. Quiere decir que buena parte de lo que da un viaje llega antes de hacer la maleta, en los días de mirar fotos del sitio y contar los que faltan.

Esperar algo que vas a vivir

Otros estudios ya habían visto que el dinero que se gasta en vivir algo suele dar una alegría más duradera que el que se gasta en tener algo. Faltaba mirar qué pasa antes. En 2014, Amit Kumar, Matthew Killingsworth y Thomas Gilovich compararon dos clases de espera: la de algo que se va a vivir, como un concierto, una comida con amigos o una excursión, y la de un objeto que se ha comprado. En cuatro estudios, esperar una experiencia resultaba más agradable y emocionante que esperar una cosa. Lo vieron con cuestionarios, con un estudio grande que preguntaba a la gente en distintos momentos de su día y hasta analizando noticias de personas que hacían cola para comprar.

Para ilusionarse no hace falta gastar mucho. Una tarde con alguien, un paseo por el campo, una película en buena compañía o la visita de un nieto también se esperan.

Saborear lo que viene

Mucho antes, en 1987, el economista George Loewenstein propuso que la espera también se disfruta o se sufre. Llamó «saborear» al placer de imaginar algo bueno que llegará y «temer» a su contrario. Con esa idea explicaba algo que parece raro: que a veces prefiramos retrasar un poco lo agradable, para seguir disfrutando de la espera, y quitarnos cuanto antes lo desagradable.

Quizá te suene: guardar el último capítulo de una serie para el fin de semana, o pedir la cita del dentista para mañana mismo y no pensar más. Es el primero de los tres tiempos de saborear los buenos momentos: antes, durante y después.

Cuando cuesta ilusionarse

Hay épocas en que no se ve nada bueno por delante. En 1996, Andrew MacLeod y Angela Byrne pidieron a un grupo de personas que pensaran en cosas buenas y malas que podían pasarles en el futuro. Quienes sufrían ansiedad imaginaban más cosas malas que los demás; quienes tenían a la vez ansiedad y depresión, además, imaginaban menos cosas buenas.

Si llevas semanas sin conseguir imaginar nada que te apetezca, coméntalo con tu médico. Puede ser una señal de que el ánimo está bajo, y eso tiene ayuda; no es un defecto tuyo.

Mientras tanto, la ilusión se puede sembrar en pequeño:

Que la ilusión no se vuelva exigencia

Ilusionarse no es pedir que todo salga perfecto. A veces lo esperado decepciona un poco cuando llega, y no pasa nada: la alegría de la espera ya la has vivido y nadie te la quita.

Tampoco es lo mismo ilusionarse que soñar sin moverse. Cuando lo que esperas depende en parte de ti, ayuda pensar también en los obstáculos y en el primer paso, como se cuenta en desear algo y ponerse en camino.

Contar los días

La ilusión también se comparte. Si esperas un nacimiento, un reencuentro o un viaje, escríbelo en una estrella con «Lo que espero». Otras personas podrán alegrarse contigo mientras cuentas los días que faltan.

Fuentes

Sigue leyendo

✦ Enciende tu estrella