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Si no saber qué va a pasar se te hace insoportable, no es una rareza tuya: la psicología lo llama intolerancia a la incertidumbre, y lo que ayuda no es buscar más seguridad, sino ir aprendiendo a convivir con la duda en pasos pequeños. Hay quien prefiere una mala noticia segura a una duda. No saber qué va a pasar puede resultar más difícil de llevar que lo que al final pase.
El psicólogo Michel Dugas y su equipo estudiaron por qué algunas personas se preocupan mucho más que otras. En un estudio de 1998 compararon a veinticuatro personas con un trastorno de ansiedad generalizada, en el que la preocupación lo invade todo, con veinte personas sin él. Miraron varias cosas: lo que cada uno creía sobre preocuparse, cómo se enfrentaba a los problemas y si evitaba pensar en lo que le inquietaba.
Lo que más separaba a unos de otros era cómo llevaban la duda: sentir que no saber es insoportable y que se necesita resolver cuanto antes. Lo llamaron intolerancia a la incertidumbre. Era un estudio pequeño y preliminar, pero la idea se ha estudiado mucho desde entonces.
El psicólogo Nicholas Carleton, de la Universidad de Regina, en Canadá, revisó en 2016 los distintos modelos que la psicología ha propuesto sobre la ansiedad y vio que comparten un mismo centro: cómo responde cada persona ante lo que no sabe. Propone que el miedo a lo desconocido está en la base de muchos problemas de ansiedad, y no solo de uno.
Dicho de forma sencilla: no saber nos inquieta a todos en alguna medida. Lo que cambia de una persona a otra es cuánto se puede soportar esa inquietud y qué se hace con ella. Por eso tiene sentido poner menos empeño en conseguir certezas, que muchas veces no llegan, y más en llevar mejor la espera mientras tanto.
Todo eso calma un momento y, a la larga, hace que la duda se soporte peor. Cada vez que la inquietud se calma buscando una certeza, la cabeza aprende que sin esa certeza no se puede estar.
Si la duda te asalta sobre todo por la noche, en la cama, quizá te sirva leer sobre las preocupaciones que llegan de noche y la costumbre de darles un rato fijo durante el día.
Hay incertidumbres que duran años, como no saber qué será de un trabajo, y otras que tienen fecha: el resultado de una prueba, una llamada, una respuesta. Las segundas son más intensas porque todo se concentra en un día. Para esa espera concreta, hay ideas propias en cómo sobrellevar la espera de una noticia importante.
Preocuparse de vez en cuando es normal. Pero si la preocupación ocupa casi todo el día, si te impide dormir o concentrarte, o si notas el cuerpo en tensión casi siempre durante meses, coméntalo con tu médico de cabecera o con un psicólogo. No hace falta esperar a sentirse desbordado para consultar.
En Un universo compartido puedes encender una estrella con «Lo que espero» mientras dura la duda. No resuelve lo que va a pasar, pero cambia cómo se espera: con alguien al lado.
Otras personas la acompañarán con un toque o con unas palabras de esperanza. Si al final llega la noticia, puedes volver y contar cómo ha ido, con frases como «Ha salido bien» o «Hoy estoy un poco mejor».