Un universo compartido › Blog › Saborear los buenos momentos · English
Saborear es darte cuenta de que estás viviendo algo bueno y detenerte en ello para que dure un poco más: antes, mientras pasa y al recordarlo. A veces lo bueno pasa tan deprisa que casi no nos enteramos. Los psicólogos Fred Bryant y Joseph Veroff llamaron «saborear» a la capacidad de darnos cuenta de lo bueno y hacer que dure un poco más.
Fred Bryant, de la Universidad Loyola de Chicago, lleva décadas estudiándolo. En una revisión publicada en 2021 en Frontiers in Psychology recuerda la definición que dio con Veroff: la capacidad de atender a las experiencias buenas de la vida, apreciarlas y hacerlas más intensas. Y añade un matiz: para saborear, además de sentir placer, hace falta darte cuenta de que lo estás sintiendo, con una atención consciente a lo que vives.
Por eso se puede estar en un sitio precioso sin saborearlo, con la cabeza en otra parte, y en cambio saborear una taza de café en la cocina de siempre.
Se puede saborear en tres tiempos. Antes, con la ilusión de lo que viene: un viaje, un reencuentro, una comida con amigos. Durante, prestando atención de verdad a lo que está pasando. Y después, recordándolo y contándolo. Los tres cuentan, y los tres se pueden practicar.
Quizá uno de los tres te salga con más facilidad que los otros, y a otra persona le pase justo al revés. Fijarte en cuál te cuesta más es una buena pista para empezar.
En uno de los primeros experimentos, recogido por el centro Greater Good de la Universidad de California en Berkeley, Bryant y Veroff pidieron a un grupo de personas que dieran un paseo cada día durante una semana fijándose en todo lo agradable que encontraran. Al final de la semana, su felicidad había aumentado más que la de quienes paseaban fijándose en lo desagradable o sin ninguna consigna.
Desde entonces se han hecho muchos más. Un metaanálisis de 2026 reunió veinte ensayos con casi cinco mil participantes y encontró que los ejercicios de saborear tienen un efecto moderado: aumentan el bienestar y reducen los síntomas emocionales negativos. Los autores revisaron si el resultado podía deberse a que solo se publican los estudios que salen bien, y concluyeron que no parecía ser el caso.
Compartir lo bueno tiene tanta importancia que la psicología lo ha estudiado aparte: lo encontrarás en por qué la alegría crece al contarla.
Pensar enseguida en lo que falta, en que se va a acabar o en lo siguiente que toca hacer. También quitarle importancia: «bah, no es para tanto». No se trata de exagerar, sino de no pasar de largo.
Bryant llama «pensamiento aguafiestas» a la costumbre de apagar los buenos sentimientos con lo que uno se dice por dentro. Puede sonar a «esto no va a durar» o a «no me lo merezco». Notarlo es un primer paso para hacerle menos caso.
No hace falta esperar a las grandes ocasiones. La mayor parte de lo que se puede saborear cabe en un día corriente, y de esas alegrías menudas se habla en las pequeñas alegrías del día.
Si hace tiempo que nada te hace ilusión y te cuesta disfrutar de lo que antes te gustaba, puede ser algo más que un mal momento, y merece la pena contárselo a tu médico de cabecera o a un psicólogo. Si lo estás pasando muy mal, puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito, confidencial y te atienden las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, llama al 112.
En Un universo compartido puedes encender una estrella con lo que te ha hecho feliz, aunque sea pequeño, eligiendo «Lo que agradezco». Contarlo es otra manera de saborearlo, y otras personas podrán alegrarse contigo durante los siete días que brilla.