Un universo compartido › Blog › La culpa en el duelo · English
Sentirte culpable después de una muerte es muy frecuente y no quiere decir que lo seas: casi siempre nace de mirar el pasado con lo que ahora sabes y entonces no sabías. Suele aflojar con el tiempo, y contarlo, revisar lo que de verdad estaba en tu mano y pedir ayuda si no cede son pasos que ayudan. Después de una muerte, la cabeza repasa una y otra vez lo que se hizo y lo que no: la llamada que no hiciste, el médico al que no insististe, la última conversación.
Un equipo encabezado por J. Li, del que formaba parte la psicóloga Margaret Stroebe, revisó 34 estudios con cifras y 9 de entrevistas sobre la culpa en el duelo. Su revisión, publicada en 2014, encontró que la culpa es especialmente frecuente en algunos grupos más vulnerables y que se asocia a una peor salud. También vio que suele ser menor con el paso del tiempo y cuando el final de la vida de esa persona fue bueno, y que los hombres la refieren menos.
Es decir, no eres la única persona que se siente así, y la manera en que fueron los últimos días pesa en lo que sientes después.
Ahora sabes cómo terminó, y con ese dato miras hacia atrás. Pero entonces no lo sabías: decidiste con lo que tenías.
A veces, además, la culpa es una forma de seguir pensando que estaba en nuestras manos. Y eso, de un modo extraño, puede resultar menos terrible que aceptar que no se podía hacer nada.
Un estudio que siguió durante dos años a 60 personas viudas distinguió entre culparse («fue culpa mía») y lamentar («ojalá hubiera sido de otra manera»). Culparse se relacionaba con un duelo más difícil; lamentar, no.
Echar de menos haber dicho o hecho algo es parte del cariño. Lo que conviene vigilar es cuando ese lamento se convierte en un juicio duro contra ti.
Sentir culpa no significa tenerla. Sirve preguntarse: ¿qué sabía yo en ese momento?, ¿qué habría hecho otra persona en mi lugar?, ¿qué le diría a alguien querido que me contara esto mismo?
Tratarte con la misma comprensión que tendrías con un amigo no es excusarte. Hay más sobre esa forma de mirarse en Autocompasión.
Que te digan «no pienses en eso» o «tú no tuviste la culpa» antes de escucharte suele dejar la culpa donde estaba. Ayuda más que alguien te deje contarlo entero, con calma.
Tampoco ayuda castigarte: dejar de cuidarte, no permitirte un rato de alivio o de risa, como si eso fuera faltarle. Quererle y seguir viviendo caben a la vez.
Cuando la culpa no afloja con los meses, pide ayuda profesional. Un estudio con más de 1.300 personas en duelo encontró que la culpa intensa predecía más síntomas de duelo complicado y de depresión un año después. Saberlo no tiene por qué asustarte; es una razón más para no cargar con ella sin compañía. Tu médico de cabecera o un psicólogo pueden ayudarte. Si lo estás pasando muy mal, puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito, confidencial y te atienden las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, llama al 112.
En Un universo compartido puedes encender una estrella «Por alguien que ya no está» con eso que no pudiste decirle. Sin nombres. Otras personas la acompañarán.
Puedes elegir que lleve «Lo que me pesa» y escribir en pocas palabras eso que te ronda. Otras personas la acompañarán con palabras de consuelo, y tú verás cuántas veces lo han hecho.