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El duelo no va por fases

Recordar a quien ya no está · 5 min de lectura · Publicado el 1 de octubre de 2026, revisado el 8 de octubre de 2026

El duelo no avanza por cinco fases en orden: la investigación no ha encontrado que funcione como una escalera de negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Lo que se ve, más bien, es un ir y venir entre el dolor por la pérdida y la vida que sigue, distinto en cada persona. Casi todo el mundo ha oído hablar de las cinco fases del duelo. Y muchas personas, al perder a alguien, se preguntan en cuál están o por qué no las están pasando «como es debido».

De dónde vienen las cinco fases

Las describió la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross en 1969, a partir de sus conversaciones con más de doscientas personas que estaban muriendo: hablaba sobre todo de lo que sentían ellas ante su propia muerte, no de quienes se quedan. Ella misma las aplicó también a los familiares de esos enfermos, y con el tiempo se extendieron a todo duelo como si fueran escalones que se suben en orden.

En 2017, Margaret Stroebe, Henk Schut y Kathrin Boerner revisaron lo que se sabe de esa teoría y concluyeron que no tiene un respaldo empírico sólido, que no ayuda a reconocer a quien está pasando un duelo complicado y que esperar que alguien pase por etapas puede hacer daño a quien no las vive así. Muchas personas en duelo se preocupan por no estar sintiendo lo que «tocaba», o en el orden que «tocaba».

Lo que encontró un estudio de Yale

Para ser justos, hay un estudio que dio cierto apoyo parcial a la idea de una secuencia. Un equipo de la Universidad de Yale siguió a 233 personas en duelo entre uno y veinticuatro meses después de la pérdida y publicó sus resultados en 2007 en la revista JAMA. Lo más frecuente, desde el principio, fue la aceptación. Y el sentimiento doloroso que más pesaba no era la incredulidad, sino el anhelo: las ganas de volver a ver a esa persona.

La incredulidad, el anhelo, la ira y la tristeza alcanzaron su punto más alto en ese orden, todo dentro de los primeros seis meses, mientras la aceptación crecía poco a poco. Otros investigadores criticaron cómo se hizo el estudio, y sus propios autores propusieron después hablar de estados que se mezclan y van perdiendo fuerza, más que de etapas. Hay sentimientos que suelen pesar más al principio, pero no escalones que se suben uno detrás de otro.

Cómo es en realidad

Los psicólogos Margaret Stroebe y Henk Schut propusieron otra manera de entenderlo, que llamaron modelo de proceso dual y publicaron en 1999. Describieron que quien está en duelo va y viene entre dos cosas: ratos de mirar de frente la pérdida (llorar, recordar, echar de menos) y ratos de ocuparse de la vida que sigue (los papeles, el trabajo, aprender a hacer lo que hacía el otro, distraerse). Ese vaivén no es una señal de ir mal. Es justamente lo que permite ir adaptándose.

Según su propuesta, apartarse un rato del dolor también forma parte del duelo. Reírse un día con una película también cabe ahí: es tomar aire para volver después a lo que duele.

Lo que esto significa

Pequeñas cosas que pueden ayudar

No hay recetas, pero hay gestos que a muchas personas les sirven para sostener ese ir y venir:

Cuándo pedir ayuda

Que no haya fases no quiere decir que todo valga igual. Si pasados muchos meses el dolor sigue igual de intenso y no te deja vivir, o si te cuesta comer, dormir o cuidar de ti, conviene hablarlo con tu médico de cabecera o con un psicólogo. Pedir ayuda también es una forma de cuidarte. Si lo estás pasando muy mal, puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito, confidencial y te atienden las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, llama al 112.

Una estrella en su recuerdo

En Un universo compartido puedes encender una estrella «Por alguien que ya no está» el día que lo necesites, sin que tenga que ser una fecha señalada.

Escribes por qué brilla, en pocas palabras y sin nombres, y otras personas la acompañan con un toque o con palabras de consuelo, esperanza, alegría o memoria. Si quieres saber más sobre cómo sigue el vínculo con quien se fue, puedes leer Seguir unido a quien se fue.

Fuentes

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