Un universo compartido › Blog › El duelo también se nota en el cuerpo · English
Te cuesta subir las escaleras. Duermes a ratos y te levantas sin fuerzas. Notas un peso en el pecho, el estómago revuelto, y la comida no te sabe a nada. Pocas personas avisan de que la pena también se siente en el cuerpo.
Los médicos que atienden a personas en duelo ven a menudo las mismas molestias: un cansancio que no se va, dormir mal o dormir demasiado, el estómago revuelto, cambios en el apetito, dolores de cabeza, palpitaciones, músculos sin fuerza y una opresión en el pecho o en la garganta. También una inquietud que no deja estar quieto.
Ya en 1944, el psiquiatra Erich Lindemann, que atendió a familiares de víctimas de un gran incendio en Boston, describió en ellos oleadas de malestar físico. Ese malestar es real, no falta de ánimo. La pena hace trabajar de más al sistema nervioso, y el cuerpo lo acusa. Es un cansancio distinto del de un día largo, que a veces no se quita ni durmiendo; tiene mucho en común con el que se describe en el cansancio que no se quita durmiendo.
Una pérdida pone al cuerpo en estado de alerta durante semanas o meses. Suben las hormonas del estrés, como el cortisol, y eso se nota en el sueño, en el apetito y también en las defensas.
En la Universidad de Birmingham, el equipo de Anna Phillips y Janet Lord lo midió en personas mayores. En un estudio publicado en 2011 compararon a 24 personas de más de 65 años que habían perdido a alguien en los dos meses anteriores con otras 24 de la misma edad que no estaban de duelo. En las primeras, unas células de la sangre que se encargan de destruir bacterias, los neutrófilos, funcionaban peor, y el equilibrio entre dos hormonas relacionadas con el estrés estaba alterado. En un trabajo posterior, de 2014, vieron lo mismo en mayores, pero no en adultos jóvenes en duelo, cuyas defensas aguantaban bien.
Son estudios pequeños, pero según sus autores ayudan a entender por qué las personas mayores en duelo tienen más riesgo de coger infecciones, y por qué esos meses piden un poco más de cuidado.
Dormir mal es de lo más frecuente en el duelo. En 2020, Marike Lancel, Margaret Stroebe y Maarten Eisma, de la Universidad de Groningen, en los Países Bajos, revisaron 85 estudios con más de doce mil personas en duelo. Encontraron que los problemas de sueño son muy comunes tras una pérdida, que son mayores cuanto más intensa es la pena y que hay primeros indicios de que la pena y el mal sueño se influyen el uno al otro.
Ayuda mantener horarios parecidos, salir a la luz del día y no recurrir al alcohol para dormir, que acaba empeorando el ánimo. Si lo que no te deja dormir son los pensamientos, en las preocupaciones de la noche hay una técnica sencilla que puede servir.
En 1990, unos cardiólogos japoneses del hospital de la ciudad de Hiroshima describieron un problema del corazón que se parecía a un infarto pero no lo era. Lo llamaron takotsubo, el nombre japonés de una vasija para pescar pulpos, porque en las pruebas el corazón tomaba esa forma: en el caso más habitual, la punta del ventrículo izquierdo se quedaba sin fuerza y se abombaba. Con el tiempo se le dio un nombre más popular: síndrome del corazón roto.
Es poco frecuente: de cada cien personas que llegan al hospital con sospecha de un infarto grave, entre una y tres tienen en realidad un takotsubo. Da síntomas parecidos, como dolor en el pecho o falta de aire, y afecta sobre todo a mujeres después de la menopausia. En el mayor registro internacional, publicado en 2015 con 1.750 pacientes de Europa y Estados Unidos, nueve de cada diez eran mujeres y la edad media rondaba los 67 años.
Contra lo que dice la fama, no siempre lo provoca una pena. En ese registro, algo más de una de cada cuatro personas lo había sufrido tras un disgusto fuerte, como una muerte, y algo más de una de cada tres tras una causa física, como una operación o una enfermedad. En otra cuarta parte, más o menos, no se encontró ninguna causa clara. A veces llega incluso tras una gran alegría: los mismos investigadores lo llamaron, en esos casos, síndrome del corazón feliz.
La buena noticia es que el corazón suele recuperarse: en la mayoría de los casos vuelve a moverse con normalidad en pocas semanas. Pero mientras dura no es un problema leve, porque puede dar complicaciones serias. Por eso un dolor en el pecho siempre merece atención urgente, sin esperar a ver si se pasa.
Un estudio de investigadores de Boston, publicado en 2012 en la revista Circulation, entrevistó a casi dos mil personas que acababan de tener un infarto. Comprobó que el riesgo de infarto era mucho más alto en las veinticuatro horas siguientes a la muerte de alguien importante y que bajaba día a día después.
Dicho así asusta, pero el riesgo real sigue siendo pequeño: según los autores, en la primera semana tras una muerte cercana habría un infarto de más por cada 1.394 personas con poco riesgo cardiaco, y uno por cada 320 entre quienes tienen mucho. Lo que sí señalan es que el riesgo pesa más en quienes ya tienen el corazón delicado. Para ellos, y para quienes los quieren, tiene sentido no quedarse sin compañía esos días y seguir con los cuidados que les haya indicado su médico.
No se trata de hacerlo todo bien, sino de no dejar al cuerpo sin lo básico. Algunas ideas sencillas:
Llama a emergencias sin esperar si notas dolor u opresión en el pecho que no se va, falta de aire, un desmayo o palpitaciones muy fuertes. No hace falta estar seguro de que sea el corazón: es mejor que lo vean.
Pide cita con tu médico si llevas semanas durmiendo muy mal, si has perdido peso sin querer, si el cansancio no te deja hacer tu vida o si el ánimo sigue muy bajo más de dos semanas seguidas. Y si la pena se hace tan grande que no ves salida, pide ayuda hoy mismo. Puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito y te atienden las 24 horas.
Los días en que el cuerpo no puede más, también hay sitio para ti: una estrella «Por mí» con lo que te pesa. Quien la lea te dejará un consuelo, sin saber quién eres. Y luego, si puedes, descansa.