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Cuando no hay despedida

Recordar a quien ya no está · 4 min de lectura · Publicado el 22 de octubre de 2026

La pérdida ambigua es la de alguien que no está del todo ni se ha ido del todo: un desaparecido, de quien no se sabe nada, o una persona con demencia que sigue a tu lado pero ya no es la que era. Sin certeza no hay cierre, y por eso ese duelo cuesta tanto; se puede aprender a vivir con él. Hay pérdidas que no terminan de ser pérdidas. La persona no está, pero tampoco se ha ido del todo. No hay entierro ni fecha, y el duelo se queda sin poder empezar ni acabar.

La pérdida ambigua

La terapeuta Pauline Boss le puso nombre trabajando con familias de soldados desaparecidos en las guerras de Vietnam y Laos. La llamó pérdida ambigua y distinguió dos formas. En una, la persona falta físicamente pero sigue presente en la cabeza de los suyos porque no se sabe qué fue de ella: un desaparecido, alguien que emigró y de quien no hay noticias, un hijo que cortó el contacto. En la otra, la persona está delante pero ya no es la que era: una demencia, un daño cerebral, una adicción.

Por qué es tan difícil

Porque no hay certeza. No se puede hacer un duelo completo por alguien que tal vez vuelva, o que sigue sentado en su sillón. La esperanza y la pena se alternan sin descanso, y el entorno no sabe qué decir.

Cuando la causa es una enfermedad larga, Boss y su colega Couden describieron cómo la falta de claridad sobre el pronóstico, el estado de cada día y unas capacidades que van y vienen confunden la relación: la familia puede volcarse por completo en la enfermedad o, al contrario, empezar a evitar a la persona enferma. Las dos reacciones son comprensibles.

No es una debilidad tuya

Boss insistió en entender la pérdida ambigua como una situación que viene de fuera, no como una debilidad o un fallo de quien la vive. Si te sientes atascado o atascada, es porque la situación misma no tiene salida clara, no porque estés haciendo el duelo mal.

Aprender a vivir con lo que no se resuelve

El libro en el que Boss explicó su idea, publicado en 1999, lleva un subtítulo que la resume: aprender a vivir con un duelo sin resolver. En lugar de esperar un cierre que quizá no llegue, muchas personas encuentran alivio en sostener dos cosas a la vez:

No es resignarse. Es dejar de exigirse una respuesta que nadie tiene.

Lo que ayuda

Si cuidas a alguien con demencia o con una enfermedad que va a más, quizá te sirvan también Despedirse antes de tiempo y Cuidador agotado.

Cuando el entorno no lo entiende

Como no hay muerte, a menudo no hay pésame, ni ritos, ni permiso para estar triste. Es una forma de duelo que los demás no ven, como las que se cuentan en Los duelos que nadie ve. Puede ayudar explicar a los tuyos qué estás viviendo, aunque no tenga un nombre que todos conozcan.

Si no puedes más

Si la espera o la ausencia no te dejan dormir, comer ni seguir con tu vida, o si sientes que no hay salida, habla con tu médico de cabecera o con un psicólogo. No tienes por qué sostener esto sin compañía. Si lo estás pasando muy mal, puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito, confidencial y te atienden las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, llama al 112.

Una estrella para lo que no tiene nombre

En Un universo compartido puedes encender una estrella por esa persona, «Por alguien» o «Por alguien que ya no está», como tú lo sientas.

Puedes escribir lo que esperas o lo que te pesa, en pocas palabras y sin nombres. Brilla siete días, y si quieres, puedes volver y mantenerla encendida mientras la espera continúe.

Fuentes

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