Un universo compartido › Blog › Los duelos que nadie ve · English
Un duelo no reconocido, o desautorizado, es el que vives sin que los demás te reconozcan el derecho a vivirlo: la pérdida de un embarazo, la muerte de una expareja, de un amigo o de un animal. Duele igual, pero se lleva con menos compañía, y por eso conviene buscar quien lo vea. Hay pérdidas para las que nadie da el pésame. No porque duelan menos, sino porque los demás no las ven, no las entienden o piensan que no «toca» estar de duelo.
El especialista en duelo Kenneth Doka le puso nombre en 1989: duelo desautorizado. Lo definió como el de una pérdida que no se reconoce abiertamente, ni se valida socialmente, ni se llora en público. Es el que una persona vive sin que su entorno le reconozca el derecho a vivirlo. Sin ese reconocimiento faltan también los apoyos que ayudan en otros duelos: los ritos, la compañía, el permiso para estar mal.
Cada sociedad tiene unas normas no escritas sobre qué pérdidas y qué relaciones «merecen» un duelo. Lo que se sale de ellas queda a menudo sin ver.
Sobre la muerte de un perro o un gato hay un artículo propio: El duelo por una mascota.
Porque se lleva sin compañía. Quien lo vive suele oír frases como «eras joven, ya tendrás otro», «si ya no estabais juntos» o «no era de tu familia». Y acaba dudando de su propio dolor.
Un estudio con trece parejas que habían perdido a un bebé durante el embarazo o poco después de nacer, entrevistadas a lo largo de más de un año, describió de dónde venía esa falta de reconocimiento: la incertidumbre sobre el embarazo, cómo ocurrió la pérdida, qué hacer con los restos y cómo dar la noticia. Son momentos para los que casi nadie tiene palabras.
Lo contrario del duelo desautorizado es un duelo acompañado. Un trabajo con 201 adultos que habían vivido una muerte o la pérdida de un embarazo midió cuánto sentían que alguien había sido testigo de su pérdida, y encontró que sentir la pérdida reconocida se asociaba a menos síntomas de duelo.
No hace falta mucha gente. A veces basta con una persona que diga «lo siento, sé que le querías», o que pregunte por él o por ella por su nombre.
Si sabes que alguien cercano está pasando una de estas pérdidas, no hace falta tener la frase perfecta. Ayuda más reconocer lo que ha pasado que quitarle importancia, y preguntar cómo está semanas después, cuando los demás ya no preguntan.
Si la pena no te deja vivir, si llevas mucho tiempo sin poder hablarlo con nadie o si te sientes sin salida, conviene consultar con tu médico de cabecera o con un psicólogo. Un duelo que nadie ve también merece atención. Si lo estás pasando muy mal, puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito, confidencial y te atienden las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, llama al 112.
En Un universo compartido puedes encender una estrella por esa pérdida que no has podido contar. Nadie te preguntará si tienes derecho a estar triste. La verán y la acompañarán.
No hace falta poner nombres: puedes elegir que brille «Por alguien que ya no está» o «Por mí», según lo sientas, y escribir en pocas palabras por qué. Quien la encendió ve cuántas veces la han acompañado, nunca quién.