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Imaginar tu mejor futuro

Agradecer y alegrarse · 4 min de lectura · Publicado el 8 de octubre de 2026

El ejercicio del mejor yo posible consiste en imaginar tu vida dentro de unos años, suponiendo que todo ha ido lo mejor posible, y describirla por escrito con detalle. Los estudios que lo han probado encuentran que, durante un tiempo, levanta el ánimo y el optimismo; el efecto es moderado y no sustituye a otras ayudas. Es un ejercicio de escritura sencillo, que cabe en un rato tranquilo.

De dónde sale

La psicóloga Laura King lo probó en 2001, en un estudio con 81 estudiantes universitarios. Les pidió que escribieran veinte minutos al día, durante cuatro días seguidos, sobre una de estas cosas: el acontecimiento más traumático de su vida, su «mejor yo posible» en el futuro, las dos cosas o un tema neutro. El mejor yo posible era imaginar cómo sería su vida si se hubieran esforzado y sus metas se hubieran cumplido.

Escribir sobre sus metas resultó mucho menos penoso que escribir sobre el trauma, y tres semanas después esas personas mostraban un aumento de su bienestar. Cinco meses más tarde, según los registros del centro de salud de la universidad, los que habían escrito sobre el trauma, sobre su mejor yo o sobre las dos cosas habían ido menos al médico por enfermedad que el grupo del tema neutro. Era un grupo pequeño, y ese último dato conviene tomarlo con cautela.

Lo que se sabe hoy

Otros investigadores lo han repetido después. En 2019, un equipo de investigadores reunió 29 estudios con casi tres mil participantes en un metaanálisis. El ejercicio mejoraba el afecto positivo de forma moderada, y algo menos el optimismo y el bienestar. Su efecto sobre las emociones negativas era pequeño, y sobre los síntomas depresivos, muy pequeño y apoyado en solo tres estudios.

Los autores también señalaron límites: ningún estudio cumplía todos los criterios de calidad que revisaron, y en el caso del afecto positivo podía haber cierto sesgo, porque se publican más los resultados que salen bien. Es decir, ayuda, pero menos de lo que a veces se cuenta, y no es un tratamiento.

Cómo se hace

En los estudios, el ejercicio duraba desde un solo día hasta varias semanas, con un total de entre veinte minutos y casi tres horas de práctica. Una forma sencilla de empezar:

Puedes repetirlo unos días seguidos, o volver a él de vez en cuando, mirando cada vez una parte distinta de tu vida: la familia, el trabajo, la salud, las amistades.

Por qué ayuda

Escribirlo aclara qué te importa de verdad, que no siempre es lo que uno creía. Y ver ese futuro con detalle lo hace parecer más posible. No es magia ni se cumple por imaginarlo: sirve para saber hacia dónde quieres caminar.

Si de ahí sale un deseo concreto y quieres convertirlo en pasos, en desear algo y ponerse en camino se explica por qué soñar no basta y qué ayuda a dar el primer paso.

Cuando no sale

A veces, al imaginar el mejor futuro, aparece más la distancia que la ilusión: todo lo que falta, lo que no salió. Si te pasa, no hace falta seguir. Puedes probar con un plazo más corto, un año o unos meses, o con una sola parte de tu vida.

Si el futuro te parece cerrado por completo y esa sensación dura semanas, no lo lleves sin compañía. Contarlo a tu médico de cabecera o a un psicólogo puede ayudarte a encontrar una salida. En la esperanza según la psicología hay más sobre cómo cuidarla cuando cuesta.

Un trozo de ese futuro, en una estrella

Si al escribirlo aparece un deseo claro, puedes encender con él una estrella en Un universo compartido, con «Lo que espero». Otras personas lo acompañarán.

Bastan unas líneas, sin tu nombre ni nada que diga quién eres. Brillará siete días, y si un día sale bien, puedes contarlo y dar las gracias a quienes te acompañaron.

Fuentes

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