Un universo compartido › Blog › El valor de los pequeños avances · English
Si sientes que no avanzas, lo más probable es que sí lo hagas, pero en pasos tan pequeños que no los ves. Apuntar cada día un avance, aunque sea mínimo, ayuda a verlos, y los estudios indican que seguir de cerca el propio progreso acerca a la meta. Cuando la meta está lejos, es fácil sentir que no se avanza. Y sin embargo, casi siempre se está avanzando: solo que los pasos son tan pequeños que no se ven.
La investigadora Teresa Amabile, de la Escuela de Negocios de Harvard, ha estudiado el trabajo de cada día a través de diarios. En uno de sus estudios, publicado en 2005 con Sigal Barsade, Jennifer Mueller y Barry Staw, recogió los diarios que 222 empleados de siete empresas escribieron al final de cada jornada, y vio que los días de mejor ánimo eran también los de más ideas nuevas, incluso uno o dos días después.
Más tarde, junto al investigador Steven Kramer, resumió lo que había aprendido de los diarios de este tipo de trabajadores en una idea sencilla: lo que más motiva es poder dar un paso adelante cada día en un trabajo que importa. Lo llamaron el principio del progreso.
Nos fijamos en lo que falta, no en lo andado. Y los pasos pequeños no parecen dignos de mención: una llamada hecha, un párrafo escrito, un día más sin fumar. Pero son esos los que llevan a algún sitio.
Además, cuando una meta importa mucho, todo lo que no sea llegar parece poco. Quien prepara una oposición, se recupera de una lesión o intenta salir de una mala racha puede pasar semanas sintiendo que está igual, cuando en realidad ha ido ganando terreno.
En 2016, Benjamin Harkin y otros siete investigadores reunieron 138 experimentos con casi veinte mil personas para ver si fijarse en el propio progreso ayuda a lograr una meta. La respuesta fue que sí: las personas a las que se animó a seguir de cerca cómo iban se acercaron más a sus metas.
El efecto era mayor cuando el avance se apuntaba de forma física, en un papel o un registro, y cuando se compartía con otros. Ver lo hecho no es un premio de consolación: forma parte de lo que permite seguir. Por eso apuntar los avances en un cuaderno, o contárselos a alguien de confianza, puede ser más útil de lo que parece.
Habrá días en que parezca que todo se deshace: una recaída, un examen que sale mal, una semana sin fuerzas. No borran lo andado. Mirar atrás, a lo que has apuntado durante semanas, ayuda a ver que un mal día es un día, no el resumen de todo.
Si el tropiezo ha sido grande, quizá te sirva leer sobre volver a empezar después de un fracaso. Y si lo que cuesta es que el resultado tarde tanto, sobre la paciencia, que también se aprende.
A veces sentir que no se avanza tiene más que ver con el ánimo que con el camino. Si llevas semanas sin ganas de nada, sin disfrutar de lo que antes te gustaba o con la sensación de que nada tiene sentido, coméntalo con tu médico de cabecera o con un psicólogo. Pedir ayuda también es un paso.
Si has encendido una estrella en Un universo compartido con algo que esperas, puedes volver y contar cómo va, con frases como «Hoy estoy un poco mejor» o «Ha salido bien». Tendrás delante un paso más.
Y si lo que esperabas llega, puedes dar las gracias: tu estrella se volverá dorada. Cada estrella brilla siete días, y puedes mantenerla encendida otros siete mientras sigues en camino.