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Pedir perdón y perdonar

Acompañar a otros · 4 min de lectura · Publicado el 11 de octubre de 2026

Perdonar es dejar de desearle mal a quien te hirió y soltar poco a poco el resentimiento; no es olvidar, ni justificar, ni volver con esa persona. Para pedir perdón, lo que más cuenta, según los estudios, es reconocer con claridad lo que hiciste y ofrecer reparar el daño. El rencor pesa a quien lo lleva. Pero perdonar no se consigue por decidirlo una tarde, y nadie está obligado a hacerlo.

Qué es perdonar y qué no

El psicólogo Everett Worthington, de la Universidad de la Mancomunidad de Virginia, ha estudiado el perdón durante décadas y lo distingue de varias cosas con las que se confunde. Perdonar no es olvidar, ni justificar lo que pasó, ni reconciliarse, ni renunciar a la justicia. Es dejar de desearle mal a quien nos hirió y soltar, poco a poco, el resentimiento. Se puede perdonar a alguien y no volver a verlo.

Tampoco es hacer como si no hubiera pasado nada. Para perdonar de verdad hace falta reconocer el daño y lo que sentimos por él, no taparlo.

Cómo se llega

Worthington propone un camino en cinco pasos, que en inglés forman la palabra REACH, «alcanzar»:

No es cosa de un día, y el enfado que regresa no significa que no hayas perdonado. Significa que la herida todavía se nota.

Lo que dicen los estudios

En 2014, Nathaniel Wade, Worthington y otros autores reunieron en un metaanálisis los estudios sobre intervenciones para ayudar a perdonar, con más de dos mil participantes. Quienes participaban perdonaban más que quienes no recibían ninguna ayuda, y también mejoraban en depresión, ansiedad y esperanza. Y cuanto más tiempo duraba el trabajo, más se avanzaba.

En 2024, un ensayo con más de cuatro mil quinientas personas de Colombia, Hong Kong, Indonesia, Sudáfrica y Ucrania probó un cuaderno de ejercicios basado en estos cinco pasos, de unas dos o tres horas, que cada persona hacía por su cuenta. Dos semanas después, quienes lo habían hecho guardaban menos rencor y tenían algo menos de síntomas de depresión y de ansiedad que quienes esperaban su turno. Los efectos sobre el ánimo fueron pequeños, pero en personas sin terapia y con un esfuerzo corto.

Pedir perdón

Pedir perdón también se puede hacer mejor o peor. En 2016, Roy Lewicki y su equipo de la Universidad Estatal de Ohio estudiaron con 755 personas qué partes de una disculpa pesan más. Lo más importante fue reconocer la propia responsabilidad, y después, ofrecer reparar el daño. Lo que menos añadía era pedir expresamente que te perdonen.

Cuando no se puede

Hay daños muy graves, y hay personas que nunca piden perdón. Nadie está obligado a perdonar ni tiene un plazo. A veces lo único posible, y ya es mucho, es que deje de ocupar tanto sitio.

Si lo que pasó fue un abuso o una violencia, lo primero es estar a salvo, y perdonar no obliga a mantener el contacto ni a callar. Si el recuerdo te sigue quitando el sueño o la paz, hablarlo con un psicólogo puede ayudar. En pedir ayuda cuando cuesta hay ideas para dar ese paso.

Y perdonarte a ti

A veces la persona a la que más cuesta perdonar es uno mismo. Reconocer lo que hiciste, reparar lo que se pueda y tratarte con algo de comprensión no es quitarle importancia: es lo que permite seguir. En autocompasión hay más sobre cómo empezar.

Lo que no pudiste decir

En Un universo compartido puedes encender una estrella con ese perdón que no sabes cómo pedir, o con el que todavía no puedes dar. Sin nombres. A veces, escribirlo es el primer paso.

Puedes elegir «Lo que me pesa» y que brille «Por mí», «Por alguien» o «Por alguien que ya no está». Otras personas la leerán y la acompañarán, sin saber quién eres.

Fuentes

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