Un universo compartido › Blog › Escuchar de verdad · English
Escuchar a alguien de verdad es intentar entender lo que siente desde su lugar, sin juzgarle y sin correr a darle soluciones, y devolverle lo que has entendido para que note que ha llegado. Cuando alguien nos cuenta que lo está pasando mal, casi todos hacemos lo mismo: buscar una solución, quitarle importancia o contar algo parecido que nos pasó. Lo hacemos con buena intención, y casi nunca es lo que la otra persona necesita.
El psicólogo Carl Rogers defendió que sentirse escuchado de verdad es, por sí solo, una ayuda enorme. En un artículo de 1957, reeditado en 2007, describió lo que, a su juicio, hace falta para que una persona cambie y se encuentre mejor en una relación de ayuda.
De ahí salen tres actitudes: intentar entender lo que el otro siente desde su lugar, aceptarlo sin juzgar y ser sincero, sin fingir. Rogers añadía algo que se olvida a menudo: no basta con sentirlo, la otra persona tiene que notarlo. Escribía sobre la terapia, pero esas tres actitudes sirven en una cocina, en un banco del parque o al teléfono.
Casi todo lo que estorba nace de las ganas de ayudar deprisa, o de lo incómodo que resulta ver sufrir a alguien que queremos. No es motivo de vergüenza, pero merece la pena reconocerlo en uno mismo para frenarlo a tiempo:
Escuchar bien se aprende, como se aprende a cocinar o a conducir, y se nota enseguida en la cara de quien habla. Estas son algunas cosas sencillas que suelen ayudar:
En 2014, un equipo de la Universidad de Florida Central puso a prueba esta forma de escuchar. En su experimento, 115 personas contaron algo durante unos minutos a alguien entrenado para responder de una de tres maneras: con escucha activa, con consejos o con un simple «ya, claro».
Quienes recibieron escucha activa se sintieron más comprendidos que en los otros dos casos. Los consejos, en cambio, dejaron casi tan satisfecha a la gente como la escucha activa, y las dos cosas mucho más que el simple asentir. La lección es amable: no se trata de no aconsejar nunca, sino de que la otra persona se sienta comprendida primero.
Para encontrar palabras cuando no sabes qué decir, en frases de consuelo y de ánimo hay algunas que acompañan sin juzgar.
A veces, al escuchar, aparece algo que pesa demasiado para llevarlo entre dos: alguien que no duerme ni come desde hace semanas, que dice que no puede más o que no quiere seguir viviendo. Escuchar sigue siendo lo primero, pero no hace falta que cargues con ello sin ayuda. Puedes animarle a hablar con su médico de cabecera o con un psicólogo, y ofrecerte a acompañarle. Si lo que te cuenta te asusta, busca ayuda enseguida. Si lo estás pasando muy mal, puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito, confidencial y te atienden las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, llama al 112.
Y cuida también de ti. Escuchar el dolor de otros cansa, y está bien contarle a alguien de confianza cómo te ha dejado.
Acompañar una estrella en Un universo compartido se parece a esto: no das consejos ni opinas. Lees despacio lo que alguien ha escrito y le haces saber que has estado ahí.
Puedes hacerlo con un toque o con unas palabras de consuelo, esperanza, alegría o memoria. Quien la encendió verá que alguien la ha acompañado, nunca quién. Y si un día eres tú quien necesita ser escuchado, también puedes encender la tuya.