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Actos de bondad: por qué ayudar a otros también te hace bien

Acompañar a otros · 4 min de lectura · Publicado el 30 de septiembre de 2026, revisado el 8 de octubre de 2026

Ayudar a otra persona suele mejorar también el ánimo de quien ayuda, aunque el efecto que miden los estudios es modesto y depende de cómo se haga. Hacer algo bueno por otra persona suele sentar bien a quien lo recibe. Lo que muchos estudios muestran es que también le sienta bien a quien lo hace.

Cinco gestos en un mismo día

La psicóloga Sonja Lyubomirsky pidió a un grupo de estudiantes que hicieran cinco actos amables a la semana durante seis semanas. Unos los hacían todos el mismo día; otros, repartidos a lo largo de la semana. Como cuentan Lyubomirsky, Kennon Sheldon y David Schkade en su artículo de 2005 en la Review of General Psychology, el bienestar de quienes no hicieron nada bajó un poco en esas semanas, mientras que el de quienes ayudaron subió. Pero esa subida solo se vio en quienes juntaban sus cinco gestos en un día.

Los gestos eran de todo tipo: donar sangre, ayudar a un amigo con un trabajo, visitar a un familiar mayor, escribir una nota de agradecimiento a un antiguo profesor. Los autores creen que, como muchos eran pequeños, repartidos se diluían y se confundían con la amabilidad de todos los días. Juntos, se notaban.

Gastar en otros alegra más que gastar en uno mismo

Elizabeth Dunn y sus colegas Aknin y Norton lo publicaron en 2008 en la revista Science. Lo vieron de tres maneras: en una encuesta, las personas que gastaban más en los demás eran más felices; en un seguimiento a personas que recibieron un dinero inesperado, dedicar parte a otros iba unido a más felicidad; y en un experimento, quienes recibieron dinero con la consigna de gastarlo en otra persona dijeron sentirse más felices que quienes debían gastarlo en sí mismos.

Años después, el mismo grupo y otros colegas comprobaron que no era algo solo de Norteamérica. En un trabajo de 2013 con datos de 136 países, gastar en los demás se asociaba con más felicidad tanto en países pobres como ricos, y los experimentos en Canadá, Uganda, India y Sudáfrica apuntaban en la misma dirección.

Cuánto ayuda, de verdad

Conviene no exagerar. Un metaanálisis de 2020 que reunió 201 estudios con casi doscientas mil personas encontró que la relación entre ayudar y estar bien es real pero modesta. Era más fuerte con la sensación de que la vida tiene sentido que con el simple placer, y la ayuda informal, la de andar por casa, se asociaba con más beneficios que la organizada.

Es decir: ayudar no arregla una vida, pero suele dejar un poso bueno, sobre todo cuando nace de dentro y no de la obligación.

Ideas sencillas

Si quieres probar lo que vio Lyubomirsky, puedes elegir un día de la semana y reservarlo para tus cinco gestos.

No hace falta que sea grande

No hace falta hacer grandes cosas ni contarlo. Un gesto pequeño, hecho con cariño, ya cuenta.

A veces el gesto ni siquiera es para alguien conocido. Por qué ayudan tanto unas palabras de quien no te conoce lo encontrarás en la amabilidad de un desconocido.

Cuando ayudar se convierte en carga

Ayudar sienta bien cuando se elige. Si llevas mucho tiempo cuidando de alguien y notas que no te quedan fuerzas, eso no significa que hayas dejado de ser buena persona: significa que también necesitas que te cuiden. En ese caso, más actos de bondad hacia fuera no son la respuesta; lo es pedir apoyo y descansar. Algunas ideas para eso están en cómo cuidarte cuando cuidas a un familiar.

Acompañar una estrella

En Un universo compartido puedes pulsar «Acompaña a quien lo necesita» y dejar unas palabras a alguien que ha encendido una estrella. Te lleva a las estrellas que menos compañía han tenido. Es un gesto de un segundo que, para quien lo recibe, puede cambiar el día.

Fuentes

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