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El duelo por una mascota

Recordar a quien ya no está · 4 min de lectura · Publicado el 9 de octubre de 2026

Sí, el duelo por un perro o un gato es un duelo de verdad: la investigación muestra que puede doler tanto como la pérdida de una persona querida y que sus síntomas son los mismos. Lo que suele hacerlo más difícil es que el entorno no siempre lo reconoce. Ha estado contigo años. Te esperaba en la puerta, dormía a tu lado, conocía tus horarios mejor que nadie. Y cuando muere, hay quien te dice «solo era un perro».

Un duelo de verdad

Un estudio publicado en 2026 en la revista PLoS One, con una muestra representativa de 975 adultos del Reino Unido, encontró que una de cada tres personas había perdido a un animal querido y que, de ellas, una de cada cinco señalaba esa muerte como la pérdida que más le había dolido en su vida. En torno a un 7,5 % de quienes habían perdido a su animal tenían síntomas de duelo prolongado, y esos síntomas eran los mismos que tras la muerte de una persona.

Tiene sentido: es una relación diaria, de cuidado, sin condiciones, y con ella se van también las rutinas que ordenaban el día. El paseo de la mañana, el ruido de sus patas por el pasillo, su sitio en el sofá.

Un duelo que no se reconoce

El especialista en duelo Kenneth Doka llamó en 1989 «duelo desautorizado» al que no se reconoce abiertamente, ni se valida, ni se llora en público: aquel en el que no hay funeral, ni días de permiso, ni nadie que dé el pésame. La muerte de una mascota es uno de los ejemplos más claros. A la pena se le suma tener que esconderla.

Hasta los manuales lo reflejan: el mismo estudio recuerda que las guías actuales no permiten diagnosticar un duelo prolongado cuando quien ha muerto es un animal.

La culpa

Una revisión de 2022 que reunió diecisiete estudios con personas que habían perdido a su animal encontró que la culpa es uno de los temas que más se repiten, junto con el vínculo, la pena, los apoyos y el futuro.

Puede ser especialmente fuerte si hubo que decidir la eutanasia: «¿fue demasiado pronto?, ¿demasiado tarde?, ¿tenía que haberme dado cuenta antes?». Quien se hace esas preguntas es alguien que lo cuidó bien. Decidiste con lo que sabías entonces, y casi siempre pensando en que dejara de sufrir.

Lo que ayuda

Con los niños, sirven las mismas ideas que ante la muerte de una persona: palabras claras y verdaderas, sin decir que «se ha dormido». Hay más en Cómo hablar a un niño de la muerte.

Si en casa hay otro animal

Si convives con otro animal, mantener sus horarios de comida y de paseo puede ayudar a que la casa recupere algo de orden, también para ti. Y quizá su compañía te dé algo de consuelo estos días, aunque no ocupe el sitio del que se fue.

Cuando la pena no afloja

Como en otros duelos, la pena no va por etapas ni tiene un calendario fijo (hay más en El duelo no va por fases). Pero si pasados muchos meses sigue igual de intensa, si no consigues retomar tu vida o si la culpa no te deja en paz, conviene hablarlo con tu médico de cabecera o con un psicólogo. Tu pena merece la misma atención que cualquier otra. Si lo estás pasando muy mal, puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito, confidencial y te atienden las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, llama al 112.

Una estrella también por ellos

En Un universo compartido puedes encender una estrella «Por alguien que ya no está» por él o por ella. Quien la lea no te dirá que solo era un animal.

Escribes por qué brilla, sin nombres, y otras personas la acompañan con un toque o con palabras de consuelo o de memoria. Brilla siete días, y puedes volver para que siga encendida.

Fuentes

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