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La nostalgia, mejor de lo que parece

Agradecer y alegrarse · 5 min de lectura · Publicado el 25 de octubre de 2026

Durante casi dos siglos, la nostalgia fue un diagnóstico médico. Hoy es una emoción que casi todo el mundo reconoce: un olor, una canción o una foto vieja y, de pronto, vuelves a otra época con una mezcla de dulzura y pena.

De enfermedad a emoción

La palabra la inventó en 1688 Johannes Hofer, un joven suizo que estudiaba medicina, en su tesis en Basilea. Unió dos palabras griegas, regreso y dolor, como equivalente de la palabra alemana Heimweh, algo así como «dolor de casa», para nombrar el sufrimiento de quien vive separado a la fuerza de su familia y de su tierra.

Durante mucho tiempo se trató como una enfermedad. Los médicos de las campañas de Napoleón la describieron en soldados reclutados lejos de casa, y en 1909 el psiquiatra Karl Jaspers le dedicó su tesis doctoral, según repasan los historiadores de la psiquiatría Filiberto Fuentenebro y Carmen Valiente, de la Universidad Complutense de Madrid. Poco a poco dejó de verse como un mal y pasó a ser lo que hoy entendemos: una emoción corriente y agridulce.

Y bastante universal. En 2014, un estudio con 1.704 estudiantes de 18 países encontró que la idea que la gente tenía de la nostalgia era muy parecida en todos ellos.

Qué recordamos con nostalgia

Los psicólogos Constantine Sedikides y Tim Wildschut, de la Universidad de Southampton, en Inglaterra, llevan unos veinte años estudiándola. En 2006 publicaron, con Jamie Arndt y Clay Routledge, siete estudios sobre qué es la nostalgia, qué la despierta y para qué sirve.

Al analizar relatos nostálgicos vieron que casi siempre la persona aparecía rodeada de otros, de amigos o de familia, o en momentos importantes como una boda. Había más alegría que pena en lo que se contaba. Y muchas veces el recuerdo seguía un camino curioso: empezaba en algo difícil y terminaba bien, como si la memoria guardara con cariño las veces en que las cosas se arreglaron.

Cuándo aparece

Esos mismos estudios mostraron que la nostalgia llega más cuando el ánimo está bajo o cuando se echa de menos compañía. También con el frío: en 2012, un equipo dirigido por Xinyue Zhou, de la Universidad Sun Yat-sen, en China, junto a Sedikides y Wildschut, vio que la gente sentía más nostalgia en los días fríos y en una habitación fría. Lo curioso vino después: quienes recordaban algo nostálgico notaban la habitación más cálida y aguantaban mejor el frío intenso.

Otras veces la despiertan una canción, un olor o una reunión con la gente de siempre. Con los días más cortos y las primeras tardes frías del otoño, puede que aparezca más a menudo.

Lo que hace por dentro

Lo más interesante es para qué parece servir. En los estudios de 2006, recordar algo con nostalgia mejoraba el ánimo, la manera de verse a uno mismo y la sensación de estar unido a otras personas.

En 2008, Zhou, Sedikides, Wildschut y Ding-Guo Gao estudiaron su relación con la soledad. La soledad hacía sentir menos apoyo de los demás, pero también despertaba nostalgia, y la nostalgia devolvía en parte esa sensación de apoyo. Es como si la memoria fuera a buscar a quienes nos quisieron justo cuando más falta hace. El efecto era más claro en las personas que suelen recuperarse mejor de los reveses. Si la soledad es lo que te lleva a recordar, quizá te ayude leer sobre la soledad no deseada.

En 2011, Clay Routledge y sus colegas comprobaron que la nostalgia aumenta la sensación de que la vida tiene sentido, precisamente porque recuerda que hemos estado unidos a otros. Y un estudio publicado en 2024, con 2.606 personas de 28 países, encontró que estos efectos se repetían en culturas muy distintas, aunque con diferencias entre unos países y otros.

Cuando escuece más de lo que reconforta

No todo son buenas noticias. En 2020, David Newman y sus colegas, de la Universidad del Sur de California, midieron la nostalgia en la vida diaria, preguntando a la gente en distintos momentos del día. Fuera del laboratorio, los ratos de nostalgia iban unidos a un ánimo peor, y al día siguiente el efecto seguía siendo más bien negativo. Su conclusión es que la nostalgia es una emoción mezclada: suele ser dulce cuando se recuerda algo a propósito y más amarga cuando llega sola, quizá porque suele aparecer cuando algo va mal.

A algunas personas les sienta peor. Bas Verplanken, de la Universidad de Bath, vio en 2012 que en quienes tienden a preocuparse mucho, recordar con nostalgia mejoraba el ánimo al principio, pero después aparecían más señales de ansiedad y de tristeza. Su explicación es que el contraste entre un pasado tranquilo y un presente inquieto les hacía darle más vueltas a todo.

Y la psicóloga Krystine Batcho ha descrito una nostalgia anticipada: echar de menos el presente antes de que se acabe. A diferencia de la nostalgia del pasado, se asocia con dificultad para disfrutar del momento y con más tristeza y preocupación. Cuando el recuerdo se convierte en un círculo del que no sales, se parece más a la rumiación que a la nostalgia.

Una nostalgia que acompañe

Con lo que se sabe, hay maneras de quedarse con la parte buena:

Si la tristeza no se va y empieza a pesar en tu día a día, coméntalo con tu médico.

Traerlo al presente

Quizá al leer esto te haya venido alguien a la memoria. Escribe en pocas palabras lo que te dio, en una estrella «Por alguien» o «Por alguien que ya no está». Recordar también es una manera de dar las gracias.

Fuentes

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