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La ansiedad: cuando el cuerpo da la alarma

Cuando algo pesa · 5 min de lectura · Publicado el 24 de octubre de 2026

La ansiedad tiene mala fama, pero nació para protegerte. El problema llega cuando la alarma suena demasiado fuerte, a destiempo o sin parar. Entender cómo funciona no la apaga, pero ayuda a no tenerle tanto miedo.

Lo que vio Walter Cannon

A finales del siglo XIX, siendo estudiante en la Universidad de Harvard, Walter Cannon empezó a observar la digestión de animales de laboratorio con una técnica recién descubierta: los rayos X. Y se fijó en algo más. Cuando el animal se alteraba, los movimientos del estómago se detenían, y volvían en cuanto recuperaba la calma.

Aquello le llevó a dedicar años a estudiar qué hace el cuerpo ante una amenaza. En 1915 lo contó en un libro y le dio el nombre con el que todavía lo conocemos: la respuesta de lucha o huida. El sistema nervioso y la adrenalina preparan el cuerpo para defenderse o para escapar:

Por eso la ansiedad se siente tanto en el cuerpo. No son imaginaciones: es una alarma de verdad que se ha encendido.

Por qué salta sin que haya peligro

El manual de diagnóstico de la psiquiatría estadounidense (DSM-5) distingue el miedo de la ansiedad. El miedo responde a una amenaza que está delante, real o percibida. La ansiedad es la anticipación de una amenaza futura: lo que la enciende es una posibilidad, un «¿y si…?».

El psiquiatra Randolph Nesse explicó en 2001 por qué esta alarma salta tantas veces sin motivo, y lo llamó el principio del detector de humo. Un detector que pita cuando se quema una tostada molesta; uno que calla durante un incendio es una catástrofe. Los sistemas de defensa del cuerpo funcionan igual: como reaccionar cuesta poco y no reaccionar ante un peligro real puede costarlo todo, están ajustados para dar muchas falsas alarmas.

El corazón puede seguir acelerado un rato, pero ya puedes leerlo de otra manera: que el cuerpo reaccione con fuerza no demuestra que el peligro sea grande.

Cuándo es normal y cuándo no

Sentir ansiedad antes de un examen, de una operación o mientras esperas una noticia es lo esperable. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda que todo el mundo la siente alguna vez. Lo que distingue un trastorno de ansiedad es que el miedo y la preocupación son intensos, excesivos y difíciles de controlar, duran mucho tiempo y se meten en la vida diaria: el trabajo, la familia, los estudios.

No es algo raro. Según la OMS, en 2023 unos 470 millones de personas en el mundo tenían un trastorno de ansiedad, el más frecuente de todos los trastornos mentales. En España, un informe del Ministerio de Sanidad con datos de atención primaria de 2017 lo situaba también en primer lugar entre los problemas de salud mental registrados: constaba en el historial del 6,7 % de la población, el 8,8 % de las mujeres y el 4,5 % de los hombres.

Señales para pedir cita con tu médico

La OMS insiste en que hay tratamientos muy eficaces para la ansiedad y, aun así, solo una de cada cuatro personas que la padecen recibe tratamiento. El médico de cabecera es un buen primer paso. Y si la angustia se vuelve insoportable, busca a alguien con quien hablar. Puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito y te atienden las 24 horas.

Lo que ayuda, según los estudios

Lo que más respaldo tiene, según la OMS, son las terapias psicológicas, sobre todo las de tipo cognitivo-conductual, que enseñan a acercarse poco a poco a lo que da miedo. Junto a eso, hay cosas que están en tu mano:

Si la inquietud aprieta sobre todo al apagar la luz, quizá te sirva leer sobre las preocupaciones de la noche.

La trampa de evitar

Cuando algo da ansiedad, lo natural es apartarse: no ir, no llamar, no salir. En el momento alivia. El problema es que la mente se queda con la idea de que se libró gracias a no ir, y la próxima vez la alarma suena antes y más fuerte.

Las terapias para la ansiedad trabajan justo eso: volver a acercarse a lo temido, poco a poco y al propio ritmo, hasta comprobar que se puede. El servicio de salud británico (NHS) lo resume en un consejo sencillo: en lugar de evitar las situaciones que te angustian, ir aumentando despacio el tiempo que pasas en ellas.

Cuando la alarma no se apaga

La ansiedad se lleva peor en silencio. Si te ayuda, escribe en una estrella de Un universo compartido, con «Lo que me pesa», lo que te inquieta, sin decir quién eres; alguien te dejará un toque o un consuelo. No es un tratamiento, pero puede ser un rato de compañía en un día difícil.

Fuentes

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