Un universo compartido › Blog › Para qué sirven las emociones positivas · English
Las emociones positivas, como la alegría, el interés o la calma, sirven para algo más que pasar un buen rato: según la teoría de la psicóloga Barbara Fredrickson, abren la mirada en el momento y, con el tiempo, ayudan a construir recursos para los días difíciles. El miedo o la rabia tienen una función clara: nos preparan para huir o para defendernos. La alegría y la calma también tienen la suya.
Su teoría, conocida como «ampliar y construir», dice que las emociones positivas amplían nuestra mirada: cuando estamos bien, vemos más opciones, tenemos más creatividad y nos abrimos más a los demás. Y con el tiempo, esos momentos van construyendo recursos que se quedan, como amistades, habilidades o confianza, que nos sostienen cuando llegan los días difíciles.
Fredrickson la presentó en 2001 en un artículo de la revista American Psychologist. Habla de recursos de cuatro tipos: físicos, intelectuales, sociales y psicológicos, que quedan como una reserva para más adelante. Ella misma advertía de que las pruebas eran todavía preliminares y de que quedaban muchas preguntas por responder.
En ese artículo, Fredrickson describe a qué nos empuja cada emoción positiva:
Ella pone el ejemplo del juego: mientras se juega se pasa bien, y de paso se ganan fuerza, amigos y creatividad que siguen ahí cuando el juego termina. También menciona la gratitud entre las emociones agradables cuyos beneficios duran más allá del momento, y a ella se dedican varios artículos de este blog.
Fredrickson propuso también que las emociones positivas ayudan a deshacer las huellas de las negativas. En uno de los experimentos que cita, a un grupo de personas se les pidió preparar un discurso, una tarea pensada para despertar ansiedad. Quienes vieron después una película que despertaba alegría o calma recuperaron antes el ritmo normal del corazón que quienes vieron una neutra o una triste.
Años después, el psicólogo Ong y su equipo siguieron día a día a personas adultas, entre ellas viudas recientes. En su estudio de 2006 vieron que las emociones positivas del día suavizaban la reacción al estrés y ayudaban a recuperarse de él, sobre todo en las personas con más capacidad de adaptarse.
Quizá hayas leído que hacen falta tres emociones positivas por cada negativa para que a una persona le vaya bien. Esa cifra, unas 2,9 a 1, salió de un artículo de 2005 que aplicaba a las emociones unas ecuaciones de la física de fluidos.
En 2013, los investigadores Brown, Sokal y Friedman revisaron ese cálculo en la misma revista y concluyeron que no tenía base: las ecuaciones no estaban justificadas y contenían errores. La idea de que las emociones positivas ayudan sigue en pie; la cifra exacta, no.
Las emociones difíciles también tienen su lugar y no conviene esconderlas. La idea no es forzar la alegría, sino dar espacio a los buenos momentos cuando llegan, en vez de pasar de largo.
No hace falta obligarte a sonreír cuando estás triste. Basta con no cerrar la puerta a lo bueno que aparezca, aunque sea pequeño y conviva con la pena.
Mirar las estrellas de Un universo compartido y ver lo que otras personas agradecen o esperan también puede despertar alguna de estas emociones. Y si hoy tienes algo bueno, puedes encender tu propia estrella.
También puedes pulsar «Acompaña a quien lo necesita» y dejar unas palabras de alegría o de esperanza a alguien que ha encendido la suya.