Un universo compartido › Blog › Cómo dar el pésame · English
Pocas situaciones dejan tan en blanco como acercarse a alguien que acaba de perder a un ser querido. Da miedo decir algo inoportuno, y por ese miedo hay quien no va, no llama o escribe tarde. Dar el pésame pide bastante menos de lo que parece.
La palabra viene de «me pesa». El Diccionario de la lengua española lo define como la expresión con que se hace saber a alguien el sentimiento que se tiene de su pena o aflicción. No hace falta consolar ni explicar nada: basta con que esa persona sepa que lo que le ha pasado te duele también a ti y que no está sin compañía.
En 1986, los psicólogos Darrin Lehman, John Ellard y Camille Wortman preguntaron a 94 personas en duelo qué les había ayudado de verdad, de todo lo que hicieron y dijeron los demás, y qué les había hecho daño. Lo que más agradecían era poder expresar lo que sentían y el contacto con alguien que había pasado por algo parecido. Lo que peor recordaban eran los consejos y las prisas por que se recuperaran.
Después hicieron la misma pregunta a cien personas que no estaban de duelo: qué dirían ellas en esa situación. La mayoría propuso justo lo que ayuda. En frío, lo sabemos. Lo difícil es acordarse cuando estás delante, con los nervios del momento.
En el tanatorio nadie espera de ti un discurso. Ir ya dice que esa persona importaba y que la familia no está sola en esto. Algunas ideas para ese rato:
No hace falta ser original. Las fórmulas de siempre sirven: «Te acompaño en el sentimiento» o, más formal, «Mi más sentido pésame». Si quieres decir algo más, mejor corto y verdadero:
Hay más ideas en estas frases de consuelo, pensadas también para quien está de duelo.
Casi todo lo que duele se dice para animar. En el estudio de Lehman, lo que peor sentaba eran los consejos y empujar a pasar página. En la práctica suena así:
Un mensaje es una forma válida de dar el pésame, sobre todo si no tienes tanta confianza o vives lejos. Escríbelo con tus palabras, en vez de reenviar una imagen hecha, y aclara que no hace falta que conteste. Si sois cercanos, una llamada o una visita valen más, aunque lleguen unos días después.
Una carta de pésame, a mano o por correo electrónico, se puede guardar y releer. Suele bastar con tres cosas:
Si te enteraste tarde, escribe igualmente. Un pésame que llega a los dos meses, cuando ya casi nadie llama, también acompaña.
El día del entierro hay mucha gente; las semanas siguientes, mucha menos. Si quieres que tu pésame no se quede en un gesto aislado, apunta en el calendario volver a llamar dentro de unas semanas. Y si, con el tiempo, ves que a esa persona el dolor no la deja vivir, anímala a buscar ayuda. Puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito y te atienden las 24 horas.
Si la distancia o el trabajo te impiden estar en el tanatorio, tu pésame puede tomar otra forma. Enciende en Un universo compartido una estrella «Por alguien que ya no está» en recuerdo de quien ha muerto. Y luego, cuando puedas, llama a la familia.