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Cuando muere un hermano o una hermana

Recordar a quien ya no está · 5 min de lectura · Publicado el 31 de octubre de 2026

En el tanatorio, casi todas las preguntas van hacia otros: «¿Cómo están tus padres?», «¿Y su mujer?», «¿Y los niños?». Pocas veces alguien se para delante de ti y te pregunta cómo estás tú, que acabas de perder a tu hermano o a tu hermana.

Los dolientes olvidados

En los estudios sobre el duelo, a los hermanos se les llama a menudo los dolientes olvidados. Es la relación familiar que menos se ha investigado, y también la que menos se reconoce fuera de casa: el pésame y la atención suelen ir a los padres, a la viuda o al viudo, a los hijos.

El investigador Mikael Rostila, del Centro de Estudios de Equidad en Salud de Estocolmo, tituló «El doliente olvidado» un estudio de 2012 que siguió los registros de toda la población sueca de entre 18 y 69 años, de 1981 a 2002. Encontró que, tras la muerte de un hermano, quienes se quedaban tenían un riesgo algo mayor de morir en los años siguientes que quienes no habían vivido esa pérdida, a todas las edades estudiadas y sobre todo pasado el primer año. Ese dato no habla de ti en particular. Habla de un duelo que merece más cuidado del que suele recibir.

Cuando un dolor no se reconoce, se lleva peor. Es lo que se cuenta en Los duelos que nadie ve, y a muchos hermanos les toca de lleno.

La relación más larga de la vida

Un hermano o una hermana suele ser la persona con la que más años se comparten: está desde la infancia, antes que la pareja y que los hijos, y contabas con que seguiría ahí cuando faltaran tus padres. En 2025, un equipo de la Universidad De Montfort, en Leicester, revisó diez estudios con adultos que habían perdido a un hermano por enfermedad o por accidente. Entre los retos propios de este duelo destacaron tres:

Los autores concluyen que este duelo necesita un apoyo pensado para él, porque tiene rasgos propios que las ayudas generales para el duelo no siempre tienen en cuenta.

Sostener a tus padres y quedarte sin sitio

Cuando muere un hijo, los padres viven uno de los duelos más duros que existen, y los hermanos lo saben. Muchos hermanos adultos se ponen en marcha: organizan el entierro, hacen los trámites, llaman cada día a sus padres, cuidan de los sobrinos. Su propia pena queda para después, y a veces ese después no llega.

También pueden aparecer pensamientos que cuesta decir: la culpa por seguir aquí, el enfado por algo que quedó pendiente, la sensación de que tu pena cuenta menos. Si te pasa, no dice nada malo de ti.

Cuando quien pierde a un hermano es un niño

Perder a un hermano en la infancia es más frecuente de lo que se piensa. Jason Fletcher y sus colegas calcularon en 2013, con datos de Estados Unidos, que entre cinco y ocho de cada cien niños con hermanos viven la muerte de uno de ellos.

Los niños también hacen duelo, a su manera. En 1994, un estudio publicado en una revista de enfermería preguntó a 140 adolescentes que habían perdido a un hermano qué les había ayudado y qué no. Sus respuestas cabían en una idea sencilla: les ayudaba sentir que había gente a su lado, y les dolía sentir que no la había. Una revisión de 2006 sobre hermanos en duelo recordaba además que los niños siguen manteniendo un lazo con el hermano que murió, y que los adultos pueden ayudarles a cuidarlo: hablar de él o de ella, tener sus fotos a la vista, nombrarle en las fiestas.

Si hay niños en casa, en Cómo hablar a un niño de la muerte hay ideas para hacerlo con la verdad. Y si tú perdiste a un hermano de pequeño o pequeña, es posible que ese duelo vuelva años después, con preguntas que entonces nadie te dejó hacer.

Lo que puede ayudarte

Si pasados los meses la pena sigue ocupándolo todo, o si la muerte fue repentina y no consigues hacerte a ella, pedir ayuda profesional es una buena decisión. Puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito y te atienden las 24 horas.

Lo que no le dijiste

Con un hermano o una hermana quedan pendientes conversaciones de toda una vida. Si hay una que te ronda, escríbela en una estrella «Por alguien que ya no está». Allí nadie te pedirá explicaciones: te dejarán un recuerdo y seguirán su camino.

Fuentes

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