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Cuando acompañar te agota

Acompañar a otros · 4 min de lectura · Publicado el 20 de octubre de 2026

La fatiga por compasión es el desgaste de quien acompaña de cerca el sufrimiento de otros: se nota en apatía, irritabilidad, desánimo y la sensación de no tener ya nada que dar. Ayuda separar el dolor del otro del tuyo, cultivar un afecto cálido en lugar de cargar con lo que siente, y tener tú también quien te acompañe. Escuchas a alguien que sufre y te quedas con su dolor encima. Si pasa una vez, es empatía. Si pasa cada día, acaba pesando tanto que dan ganas de no escuchar a nadie.

Tiene nombre

Al desgaste de quienes acompañan de cerca el sufrimiento ajeno se le llama fatiga por compasión. Según una revisión de 2011 en la revista Nursing Research and Practice, el término apareció en 1992, en un trabajo de Joinson, para describir una forma de agotamiento propia de las profesiones de cuidado, sobre todo entre enfermeras de oncología y de cuidados paliativos. Lo desarrolló después el psicólogo Charles Figley, que estudió a psicoterapeutas.

Esa misma revisión recoge las señales que se describen con más frecuencia: enfado, apatía, tristeza, sensación de no servir para nada, impotencia, desesperanza, aislamiento y menos capacidad para ponerse en el lugar del otro.

No solo les pasa a los profesionales

Los autores de esa revisión, Day y Anderson, defienden que también pueden sufrirla quienes cuidan en casa a un familiar con demencia: pasan mucho tiempo junto al sufrimiento, tienen un vínculo fuerte con la persona y, a la vez, el resto de su vida sigue pidiéndoles cosas. Reconocen que en este grupo aún se ha estudiado poco.

Lo mismo puede ocurrirle a quien es «el que escucha» en su familia o entre sus amigos, o a quien hace voluntariado. Si lo que te agota es cuidar de un familiar día tras día, en cómo cuidarte cuando cuidas a un familiar encontrarás ideas pensadas para esa situación.

Sentir con el otro o desearle el bien

La investigadora Tania Singer y su equipo encontraron una diferencia que ayuda. En un estudio publicado en 2014 junto a Klimecki, Leiberg y Ricard, entrenaron a un grupo de personas primero en empatía, en sentir el dolor del otro como propio, y después en compasión, un sentimiento cálido de desearle el bien. Otro grupo recibió un entrenamiento de memoria, para comparar.

Al ver vídeos de personas sufriendo, el entrenamiento en empatía aumentó el malestar y la actividad de zonas del cerebro relacionadas con la empatía ante el dolor. El entrenamiento en compasión que vino después invirtió ese aumento del malestar, subió las emociones positivas y activó otras zonas distintas. Los autores proponen que cultivar la compasión puede ser una forma de protegerse del agotamiento por empatía. Es un estudio pequeño y de laboratorio, pero la idea es útil: acompañar no exige cargar con todo lo que siente el otro.

Para acompañar sin romperse

Algunas ideas que pueden ayudarte a seguir cerca sin vaciarte:

Y trátate con la misma amabilidad que ofreces. Si te cuesta, en qué es la autocompasión y cómo empezar lo contamos paso a paso.

Cuándo pedir ayuda

Si el cansancio no se va con el descanso, si duermes mal desde hace semanas, si todo te irrita o sientes que ya no te importa nada, cuéntaselo a tu médico de cabecera o a un psicólogo. Pedir ayuda cuando cuidas no es fallar a nadie: es la manera de poder seguir.

Si lo que sientes no te deja vivir, no lo pases sin compañía. Si lo estás pasando muy mal, puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito, confidencial y te atienden las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, llama al 112.

También quien acompaña necesita compañía

En Un universo compartido puedes acompañar las estrellas de otros a tu ritmo, y parar cuando lo necesites. Y encender una «Por mí» los días en que quien necesita compañía eres tú. Puedes escribir en ella lo que te pesa, sin decir quién eres, y ver cuántas personas la han acompañado.

Fuentes

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