Un universo compartido › Blog › La carta de gratitud · English
Una carta de gratitud es una carta a alguien que hizo algo importante por ti, en la que le cuentas qué hizo y qué ha supuesto en tu vida, y que, si puedes, le lees en persona. Casi todos tenemos a alguien que nos cambió la vida y a quien nunca le dimos las gracias como se merecía. La carta de gratitud es una manera de hacerlo.
En el mismo estudio de 2005 en el que Martin Seligman probó el ejercicio de las tres cosas buenas, otro grupo de personas escribió una carta a alguien a quien estaban agradecidas y se la leyó en persona. Según el estudio, publicado en American Psychologist, fue uno de los ejercicios que mejoraron la felicidad.
El centro Greater Good de la Universidad de California en Berkeley resume así lo que pasó: de los cinco ejercicios probados, la carta de gratitud fue la que más felicidad dio un mes después. A los seis meses, en cambio, el efecto había desaparecido, y por eso hay investigadores que proponen repetirla de vez en cuando con otra persona. Los participantes eran sobre todo adultos estadounidenses con estudios universitarios.
Hay gracias que se quedan sin dar. Por pudor, porque parece que ya es tarde, o porque suponemos que la otra persona ya sabe lo que hizo por nosotros.
Los psicólogos Amit Kumar y Nicholas Epley lo estudiaron en tres experimentos publicados en 2018 en Psychological Science. Pidieron a un grupo de personas que escribieran una carta de agradecimiento a alguien importante en su vida y que adivinaran cómo se sentiría al recibirla. Después preguntaron a quienes las recibieron. Quienes escribían se equivocaron: creían que la otra persona se sorprendería menos, se alegraría menos y se sentiría más incómoda de lo que ocurrió en realidad.
Los autores vieron también que cuanto más incómodo esperaba alguien que fuera el momento, menos ganas tenía de escribir. Es decir, nos frena un temor que, visto desde el otro lado, suele ser exagerado.
No te preocupes por la ortografía ni por el estilo. Diez minutos pueden bastar para escribirla; lo que más tiempo lleva, a veces, es decidirse.
Si vas a verla, puedes decirle que quieres leerle algo y pedirle que te deje terminar. Lee despacio. Fíjate en lo que sientes tú y en cómo reacciona la otra persona, y luego hablad con calma de lo que os ha removido. Al final, déjale la carta: es un regalo que podrá releer.
Si estáis lejos, una llamada o una videollamada sirven. Según el centro Greater Good, leerla en persona da más beneficio que solo escribirla, pero escribirla ya es un paso.
No a todo el mundo le sienta igual. En algunas culturas, y en algunas personas, recibir o dar las gracias de forma tan directa puede despertar una sensación de deuda o de molestia. Si conoces bien a esa persona, tú sabrás qué forma le llega mejor: una carta en mano, un mensaje o unas palabras dichas sin solemnidad.
También se puede escribir a alguien que ha muerto. No la leerá, pero escribirla puede ayudarte a poner en palabras lo que te dio y a sentirlo cerca. Hay quien la guarda, quien la lee en voz alta en un lugar que compartían o quien la lleva consigo.
Si quieres saber más sobre cómo sigue el vínculo con quien se fue, puedes leer seguir unido a quien se fue.
En Un universo compartido puedes encender una estrella «Por alguien» o «Por alguien que ya no está» con lo que le agradeces, en pocas palabras y sin decir quién eres. Otras personas la acompañarán durante los siete días que brilla. Y también puedes compartirla con un enlace, por ejemplo con esa persona.