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Cómo acompañar a alguien con depresión

Acompañar a otros · 6 min de lectura · Publicado el 28 de octubre de 2026

Ya no contesta a los mensajes como antes, ha dejado de venir a las comidas y, cuando le preguntas, todo es «no tengo ganas» o «ya se me pasará». Te preocupa, quieres ayudar y no sabes si insistir, esperar o callarte. Hay bastante estudiado sobre lo que alivia a una persona deprimida y lo que, sin querer, le pesa más.

Tristeza o depresión

Todos pasamos rachas tristes, y no por eso tenemos una depresión. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la describe como un estado de ánimo bajo, o una pérdida de interés por lo que antes gustaba, que dura la mayor parte del día, casi todos los días, durante al menos dos semanas. Suele venir acompañada de cansancio, sueño alterado, cambios en el apetito, dificultad para concentrarse, culpa o sensación de no valer nada, poca esperanza en el futuro y, a veces, pensamientos de muerte.

No es algo raro. Según los datos más recientes de la OMS, la padece el 5,2 % de los adultos del mundo, unos 322 millones de personas, y es más frecuente en las mujeres que en los hombres. Tampoco es falta de voluntad. Ponerle nombre le corresponde a un profesional; a ti te basta con darte cuenta de que algo ha cambiado y no mirar hacia otro lado.

Lo que aconsejan pacientes, familias y profesionales

En el año 2000, en Australia, Betty Kitchener, que llevaba años enseñando primeros auxilios, y su marido, el investigador en salud mental Anthony Jorm, pusieron en marcha unos cursos de primeros auxilios en salud mental: qué puede hacer una persona corriente cuando alguien cercano está mal, hasta que llega la ayuda profesional.

Para saber qué enseñar sobre la depresión, su equipo preguntó a 167 personas de Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá: pacientes, familiares y profesionales. Se quedaron con los consejos que al menos ocho de cada diez personas de los tres grupos consideraban importantes, y los publicaron en 2008. Estos son algunos:

Frases que pesan más de lo que parece

Esas mismas recomendaciones recogen también lo que no ayuda. Casi todo se dice con buena intención:

La depresión hace que cosas pequeñas, como poner una lavadora o pagar un recibo, cuesten muchísimo. No es pereza, ni egoísmo, ni que finja. A esa persona le puede aliviar mucho oírtelo decir.

Estar, aunque conteste poco

Acompañar una depresión suele ser poco vistoso. Muchas veces consiste en seguir ahí cuando la otra persona apenas responde.

Escuchar bien es más difícil de lo que parece. Hay algunas claves en Escuchar de verdad.

Animar a pedir ayuda sin empujar

Cuando el ánimo bajo dura semanas y afecta a la vida diaria, conviene que lo vea un profesional. La OMS anima a familiares y amigos a proponer esa ayuda, y cita tratamientos psicológicos como la terapia cognitivo-conductual o la psicoterapia interpersonal. En España, el primer paso suele ser el médico de familia.

Puedes preguntarle si cree que necesita ayuda, ofrecerte a buscar información, a pedir la cita o a acompañarle. Si quiere que vayas, ve a su lado y no en su lugar: es mejor que las decisiones las tome esa persona siempre que pueda.

Si no quiere, pregúntale por qué. A veces hay miedos concretos detrás (lo que cuesta, no tener un médico de confianza, que le ingresen) de los que se puede hablar. Si aun así dice que no, respétalo y déjale claro que puede contar contigo si cambia de idea. La excepción es que su vida corra peligro. Leer algo sobre por qué cuesta tanto pedir ayuda puede servirle a esa persona, y a ti para entenderla.

Si temes que piense en morir

La OMS recuerda que la depresión puede llevar al suicidio. Si esa persona habla de la muerte, de que no merece la pena seguir o de que sería mejor no estar, no lo dejes pasar.

Preguntarle directamente si está pensando en quitarse la vida no le mete la idea en la cabeza. En 2014, un equipo del King’s College de Londres revisó los estudios sobre esta cuestión: ninguno encontró que preguntar aumentara esos pensamientos, y algunos apuntaban a que hablarlo puede aliviarlos.

Si la respuesta es que sí, no guardes el secreto ni cargues con ello sin ayuda. Si crees que el peligro es inmediato, llama a emergencias y no le dejes sin compañía. Puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito y te atienden las 24 horas.

Tú también cuentas

Vivir cerca de una depresión cansa. En 1987, el psicólogo James Coyne y su equipo entrevistaron a 42 adultos que convivían con alguien en plena depresión. Más del 40 % estaban tan afectados que cumplían el criterio para recomendarles ayuda psicológica a ellos mismos. Lo que más les pesaba era la falta de interés de su familiar por la vida social, su cansancio, su desesperanza y sus preocupaciones constantes.

Cuidarte no es egoísmo: es lo que te permite seguir. Busca a alguien con quien hablar de lo que vives, guarda ratos para ti y pide ayuda también para ti si la necesitas. En Cuando acompañar te agota hay ideas para no quedarte sin fuerzas.

Para los días largos

Hay temporadas en que acompañar es sobre todo esperar a su lado. Si te ayuda, puedes encender en Un universo compartido una estrella «Por alguien» con lo que esperas para esa persona, sin su nombre ni el tuyo. Quien pase por ella dejará un toque o una frase de ánimo, y sabrás que esa espera la comparte más gente.

Fuentes

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