Un universo compartido › Blog › Lo que hace un rato entre árboles · English
Pasar tiempo en la naturaleza se asocia a menos estrés y a sentirse mejor: en una gran encuesta, quienes pasaban al menos dos horas a la semana en espacios naturales decían tener mejor salud y más bienestar. Casi todo el mundo nota que un paseo por el campo sienta bien. Lo que costó fue medirlo, y uno de los primeros estudios se hizo en un hospital.
En 1984, el investigador Roger Ulrich revisó los historiales de pacientes operados de vesícula entre 1972 y 1981 en un hospital de Pensilvania, en Estados Unidos. Comparó a 23 que habían estado en habitaciones cuya ventana daba a unos árboles con otros 23, parecidos en edad y circunstancias, cuya ventana daba a un muro de ladrillo.
Según su estudio, publicado en la revista Science, los que veían árboles se fueron a casa antes, tomaron menos calmantes fuertes y tuvieron menos comentarios desfavorables en las notas de enfermería. Era un estudio pequeño y basado en historiales, no un experimento, pero abrió un campo de investigación que sigue creciendo.
El psicólogo Stephen Kaplan fue una de las figuras que propusieron una explicación, conocida como teoría de la restauración de la atención, que reunió en un artículo de 1995 sobre los beneficios restauradores de la naturaleza. En la ciudad y ante las pantallas, la atención tiene que esforzarse sin parar para no distraerse. En la naturaleza, la atención se deja llevar sin esfuerzo: las hojas, el agua, las nubes atraen la mirada sin exigir nada. Ese rato permite que la atención cansada se recupere.
La idea se ha puesto a prueba muchas veces, con resultados más modestos de lo que se suele contar. En 2016, una revisión de 31 estudios encontró mejoras en tres de las pruebas de atención analizadas, pero no en las demás, y concluyó que aún no está claro qué aspectos de la atención mejoran.
En 2019, el investigador White y su equipo analizaron una encuesta de casi veinte mil personas. Quienes habían pasado al menos 120 minutos en la naturaleza en la última semana decían con más frecuencia tener buena salud y bienestar alto que quienes no habían ido nada. El beneficio dejaba de crecer hacia las tres o cinco horas semanales, y daba igual reunir las dos horas en una salida larga o en varias cortas.
Otro estudio de 2019, con 36 personas que vivían en la ciudad, midió una hormona relacionada con el estrés antes y después de ratos en espacios verdes. El mayor beneficio por minuto se vio entre los 20 y los 30 minutos, aunque seguía habiendo algo más después.
Los propios autores piden prudencia: son asociaciones y estudios pequeños, y hace falta más investigación antes de recetar la naturaleza en minutos. Pero apuntan en la misma dirección.
Lo que se sabe invita a buscar la naturaleza que tengas a mano, a menudo y sin grandes planes:
Si tienes poca movilidad o vives lejos de un parque, también cuenta lo pequeño: una plaza con árboles, un balcón con macetas, abrir la ventana y quedarte un rato mirando fuera. Lo pequeño, si se repite a menudo, también suma en esas dos horas de la semana.
Mientras paseas, fíjate en un detalle: el olor después de la lluvia, el ruido de las hojas, la luz entre las ramas. Detenerte un momento en lo bueno lo hace durar más, como contamos en saborear los buenos momentos.
El cielo es la naturaleza que tenemos todos, vivamos donde vivamos. Por qué mirarlo nos hace bien lo contamos en el asombro.
Un universo compartido nació de esa idea: mirar un cielo de noche y saber que otros lo miran a la vez. Allí puedes encender una estrella con «Lo que agradezco» por ese paseo, ese árbol o ese rato al aire libre que te devolvió la calma. Brillará siete días, y otras personas podrán acompañarla.