Un universo compartido › Blog › Tomar una decisión difícil · English
Para tomar una decisión difícil ayuda reducirla a lo que de verdad te importa, buscar una opción suficientemente buena en lugar de la perfecta y ponerte una fecha. Y conviene saber que, después, solemos llevar lo elegido mejor de lo que imaginamos. Cambiar de trabajo o quedarte. Seguir con alguien o dejarlo. Mudarte o no. Hay decisiones que se quedan semanas sobre la mesa porque ninguna opción es claramente la buena.
Durante años se ha repetido que tener muchas opciones, que parece una ventaja, hace que decidir cueste más y que después quedemos menos contentos, porque seguimos pensando en lo que dejamos pasar. Es la llamada sobrecarga de elección.
Pero la idea está más matizada de lo que se cuenta. Cuando Benjamin Scheibehenne, Rainer Greifeneder y Peter Todd reunieron cincuenta experimentos con más de cinco mil personas, el efecto medio fue prácticamente nulo, con mucha diferencia de unos estudios a otros. Puede ocurrir en algunas situaciones, pero no es una ley. Si te agobia tener muchas opciones, no es que te pase algo raro, y tampoco está escrito que vaya a pasarte siempre.
El psicólogo Barry Schwartz distingue dos maneras de elegir. Unas personas buscan la mejor opción posible y no paran hasta estar seguras. Otras buscan una que sea suficientemente buena y, cuando la encuentran, eligen.
En un trabajo de 2002 con siete grupos de personas, Schwartz y sus colegas encontraron que quienes tendían a buscar siempre lo mejor eran menos felices y menos optimistas, se arrepentían más y se comparaban más con los demás.
Y en un estudio de 2006 con estudiantes que buscaban su primer empleo, quienes buscaban lo mejor consiguieron sueldos de entrada un 20 % más altos, pero quedaron menos satisfechos con el trabajo y lo pasaron peor durante la búsqueda.
Buscar lo suficientemente bueno significa decidir de antemano qué necesitas y elegir en cuanto algo lo cumple, sin seguir buscando por si aparece algo mejor. Para muchas decisiones de la vida, ese método deja más tranquilidad que la búsqueda de lo perfecto.
Si dudas entre dos opciones muy parecidas, puede servir lanzar una moneda y fijarte en lo que sientes cuando sale una de ellas. El alivio o la decepción dicen mucho de lo que en el fondo prefieres, y no hace falta obedecer a la moneda.
También ayuda separar lo que depende de ti de lo que no. Puedes decidir con lo que sabes hoy, pero no controlar todo lo que pasará después. Lo contamos en el artículo sobre lo que depende de ti y lo que no.
Casi ninguna decisión es tan definitiva como parece mientras se toma, y las personas nos adaptamos a lo elegido mejor de lo que prevemos.
Daniel Gilbert y sus colegas lo vieron en seis estudios publicados en 1998: ante golpes como una ruptura o el rechazo para un empleo, la gente esperaba sentirse mal mucho más tiempo del que luego duraba el malestar. Lo explican porque no contamos con lo que llaman nuestro sistema inmune psicológico, esa capacidad de recolocar las cosas por dentro y seguir adelante que se pone en marcha cuando algo sale mal.
A veces lo que más pesa es el tiempo de no decidir.
Si llevas semanas sin dormir bien por una decisión, o la duda se ha convertido en una preocupación constante, quizá te ayude leer sobre cómo vivir con la incertidumbre. Y si viene con mucha ansiedad o con una tristeza que no se va, merece la pena hablarlo con tu médico de cabecera o con un psicólogo, que pueden ayudarte a pensar con más calma.
En Un universo compartido puedes encender una estrella con «Lo que espero» y contar la decisión que tienes delante, en pocas palabras y sin que nadie sepa quién eres. No te dirán qué hacer. Te acompañarán mientras decides.
Cuando ya hayas elegido, puedes volver a tu estrella y contar cómo ha ido.