Un universo compartido › Blog › Por qué compartir una buena noticia la hace más grande · English
Contar una buena noticia a alguien hace que la alegría crezca, sobre todo cuando quien escucha responde con interés, preguntas y entusiasmo. Solemos pensar en el apoyo como algo para los malos momentos. Pero los estudios muestran que la manera en que nos acompañan en los buenos importa mucho.
La psicóloga Shelly Gable y su equipo estudiaron qué pasa cuando alguien cuenta a otra persona algo bueno que le ha ocurrido. Vieron que compartir una buena noticia hace que la alegría crezca más allá de la que produjo la noticia en sí, sobre todo cuando quien escucha responde con interés y entusiasmo.
Lo publicaron en 2004 en un artículo con cuatro estudios. En dos de ellos, las personas anotaban cada día lo bueno que les pasaba y si lo habían contado: los días en que lo compartían tenían más emociones agradables y más bienestar, más allá de lo buena que fuera la noticia. En los otros dos, con parejas, quienes solían recibir respuestas entusiastas de su pareja tenían una relación más íntima y estaban más satisfechos con ella día a día.
Gable describió cuatro formas de reaccionar ante la buena noticia de alguien:
Solo la primera se asoció con relaciones más cercanas y satisfechas. Las otras, aunque no se hagan con mala intención, apagan un poco la alegría.
En 2006, Gable y sus colegas Gonzaga y Strachman grabaron a 79 parejas de novios mientras se contaban cosas buenas y cosas malas que les habían pasado. Según el estudio, publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, la forma en que cada uno respondía a las buenas noticias del otro tenía más que ver con lo bien que iba la relación, y con si seguían juntos dos meses después, que la forma en que respondía a las malas.
Estar ahí cuando las cosas van mal es importante. Lo que estos estudios añaden es que estar ahí cuando van bien también construye vínculo, quizá más de lo que pensamos.
A veces cuesta alegrarse por los demás, sobre todo cuando uno está pasando por un mal momento. No hace falta fingir. Basta con escuchar, preguntar y dejar que la otra persona disfrute de lo suyo.
Si notas un pinchazo de envidia, eso no te hace mala persona. Puedes reconocerlo por dentro y, aun así, preguntar con cariño. A veces, mientras escuchas, algo de esa alegría acaba llegándote también a ti.
Escuchar así, con atención y sin prisa, se parece mucho a lo que se cuenta en cómo escuchar a alguien de verdad, y vale igual para las penas que para las alegrías.
Elige a alguien que sepas que se va a alegrar contigo. No todas las personas saben acompañar lo bueno, y eso no dice nada malo de tu noticia.
Contarlo es, además, una de las formas de saborear los buenos momentos: al ponerlo en palabras vuelves a vivirlo y lo guardas mejor. El psicólogo Fred Bryant incluye «compartir con otros» en su lista de maneras de saborear, junto a otras como fijarse en los detalles o guardar un recuerdo.
Un universo compartido también es para los días buenos. Puedes encender una estrella con una buena noticia y otras personas te dejarán frases como «Me alegro muchísimo por ti». Y cuando veas la alegría de otra persona, puedes alegrarte con ella.