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Por qué la espera se hace tan larga

Esperar y tener esperanza · 5 min de lectura · Publicado el 30 de octubre de 2026

El reloj de la sala de espera marca veinte minutos, pero a ti te ha parecido una mañana entera. En cambio, una tarde con amigos se va en un suspiro. El tiempo que mide el reloj y el que vive la cabeza no siempre coinciden, y cuando se espera algo, la diferencia se nota mucho.

El reloj y la cabeza no miden igual

Los psicólogos que estudian cómo percibimos el tiempo han visto que la duración que sentimos depende en buena parte de dónde está puesta la atención. En una revisión de veinte experimentos publicada en 1997, Richard Block y Dan Zakay, este último de la Universidad de Tel Aviv, encontraron que cuando una persona está pendiente del tiempo, porque sabe que luego tendrá que calcular cuánto ha durado algo, lo juzga más largo que cuando no lo está.

En una espera ocurre justo eso: no hay mucho más que hacer que mirar el reloj y pensar en lo que tarda. Zakay ha explicado además que el aburrimiento hace que el tiempo parezca avanzar más despacio, como un aviso de que a la mente le falta algo en que ocuparse.

David Maister y las colas

En 1985, David Maister, que entonces enseñaba en la Escuela de Negocios de Harvard, escribió un ensayo sobre la psicología de las colas que todavía se cita. Su punto de partida era sencillo: quedar satisfecho o molesto después de esperar no depende tanto de lo que dura la espera como de cómo la vivimos, comparada con lo que imaginábamos.

A partir de ahí reunió una serie de observaciones sobre lo que hace que una espera se sienta más larga:

También observó que, cuanto más vale lo que se espera, más dispuestos estamos a esperar. Maister hablaba de colas de bancos, restaurantes o parques de atracciones, y sus ideas eran observaciones de alguien que conocía bien esos servicios, no experimentos. Varias de ellas se han comprobado después.

Después de Maister

En 1996, los investigadores Michael Hui y David Tse hicieron un experimento sobre qué conviene decir a quien espera. Informar de cuánto faltaba hacía que una espera larga resultara más aceptable y menos desagradable. En las esperas cortas, en cambio, esa información apenas cambiaba nada.

En 2019, un equipo de los Hospitales Universitarios de Ginebra preguntó a 509 pacientes que habían esperado en urgencias qué influía en cómo habían vivido la espera. Destacaron cuatro cosas: sentirse olvidado, no saber cuánto faltaba exactamente, que no se respetara su intimidad y tener la impresión de que no se había valorado bien la urgencia de su caso.

Y el investigador Richard Larson, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, insistió en 1987 en algo que casi todos hemos sentido alguna vez: que alguien se salte el orden de llegada cambia por completo cómo se vive una cola.

Las esperas largas de la vida

Maister hablaba de colas, pero lo que describió se reconoce también en esperas mucho más serias: una lista de espera para operarse, una plaza que no sale, unos papeles que no llegan, la llamada de alguien que dijo que llamaría.

En muchas de ellas se juntan varias de las cosas que estiran el tiempo: no se sabe cuánto falta, nadie explica por qué tarda, la preocupación es grande y a menudo se lleva sin nadie al lado. Por eso no es raro que unas semanas de espera se vivan como si fueran meses, y llevarla mal no dice nada malo de ti.

Qué puede ayudar cuando la espera va para largo

Si te cuesta especialmente, hay maneras de entrenar la paciencia y de convivir mejor con no saber qué va a pasar.

Si eres tú quien hace esperar

Todo esto sirve también al revés. Puede que alguien te esté esperando a ti: un hijo pendiente de tu llamada, un amigo que aguarda una respuesta, una persona mayor que cuenta los días hasta tu visita. Decir cuándo llegarás, explicar un retraso y dar señales de vida le quita a su espera buena parte del peso.

Una de las cosas que más pesaban a los pacientes de Ginebra era sentirse olvidados. Fuera del hospital, esa sensación muchas veces se evita con un mensaje corto.

Una espera compartida

Maister observó que la espera compartida se hace más corta. Cuenta qué aguardas en una estrella con «Lo que espero»: durante siete días, otras personas esperarán contigo.

Fuentes

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