Un universo compartido › Blog › Hablarte como hablarías a otra persona · English
Todos llevamos dentro una voz que comenta lo que hacemos: recuerda, planea, anima y, a veces, regaña. Casi nunca nos fijamos en cómo nos habla. Y un detalle tan pequeño como la persona gramatical que usa puede cambiar cómo te sientes.
El psicólogo Ethan Kross dirige el Laboratorio de Emoción y Autocontrol de la Universidad de Míchigan y lleva años estudiando esa conversación interior. En un libro de 2021 dedicado a ella explica que esa voz es muy útil: sirve para retener un dato mientras lo usamos, para ensayar lo que vamos a decir, para empujarnos cuando algo cuesta y para entender lo que nos pasa.
El problema aparece cuando se queda atascada en lo malo. Kross lo llama, en inglés, «chatter», algo parecido a la cháchara: repasar una discusión, volver una y otra vez sobre un error, adelantarse a todo lo que puede salir mal. Se parece mucho a lo que en psicología se conoce como rumiación. Entonces la voz que debía ayudarnos a pensar ya no nos deja pensar.
En 2014, Kross y su equipo publicaron siete estudios con 585 personas en total. En uno de ellos, un grupo de estudiantes tuvo que preparar, con muy poco tiempo, un discurso ante evaluadores sobre por qué merecían el trabajo de sus sueños. Antes de hablar, pasaron unos minutos pensando en cómo se sentían. A la mitad se le pidió que lo hiciera en primera persona: «¿Por qué estoy tan nervioso?». A la otra mitad, que se hablara de tú o por su nombre: «¿Por qué estás tan nerviosa, Marta?».
Quienes se hablaron como a otra persona sintieron menos malestar, los evaluadores puntuaron mejor sus discursos y, al terminar, le dieron menos vueltas a cómo les había ido. En otros estudios de la misma serie, hablarse así hacía ver lo que venía más como un reto que como una amenaza. Y los efectos fueron los mismos en las personas con mucha ansiedad social que en las demás.
Kross lo explica con una idea sencilla. Cuando te hablas de tú o por tu nombre, te miras un poco desde fuera, como mirarías a un amigo. Y con los problemas de los amigos casi todos somos más sensatos que con los nuestros.
El psicólogo Igor Grossmann, de la Universidad de Waterloo, y el propio Kross lo comprobaron en 2014. Pidieron a personas con pareja que imaginaran una infidelidad: unas, la de su propia pareja; otras, la de la pareja de su mejor amigo. Sobre el problema ajeno razonaron con más sabiduría: tenían en cuenta más puntos de vista, buscaban más el acuerdo y reconocían mejor lo que no sabían. Pero cuando a quienes pensaban en su propio caso se les pidió mirarlo en tercera persona, la diferencia desapareció.
En 2017, un trabajo de Jason Moser, de la Universidad Estatal de Míchigan, con Kross y otros colegas, midió la actividad del cerebro. Al reaccionar ante imágenes desagradables hablándose en tercera persona, la actividad emocional bajaba en cuestión de un segundo, y sin más esfuerzo mental que al hablarse en primera. Los propios autores lo presentaron con prudencia: hace falta más investigación para saber hasta dónde llega.
Hay otra distancia que también ayuda: la del tiempo. Emma Bruehlman-Senecal y Ozlem Ayduk, de la Universidad de California en Berkeley, vieron en 2015 que pensar en cómo se verá un problema dentro de unos años, y no mañana, reduce el malestar, porque recuerda algo que en el momento se olvida: lo que hoy duele no dolerá siempre igual. Con todo esto, algunas cosas que puedes probar:
No es una fórmula mágica. Casi todos estos estudios se han hecho con estudiantes y en tareas cortas de laboratorio. Pero no cuesta nada, se hace en un momento y se puede probar hoy mismo.
A veces la voz de dentro ya no comenta: ataca. «Eres un desastre», «siempre lo estropeas», «nadie te aguanta». Hablarte de tú sirve de poco si lo que te dices con ese tú son insultos. Aquí no basta con cambiar el pronombre; también cambia el tono: hablarte con la amabilidad con la que hablarías a alguien a quien quieres. Es lo que la psicóloga Kristin Neff llama autocompasión.
Si esa voz dura no se va en semanas, te quita el sueño o las ganas, o te dice que no vales nada o que los demás estarían mejor sin ti, merece que la escuche alguien más: tu médico o una persona de confianza. Puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito y te atienden las 24 horas.
Cuando acompañas la estrella de alguien que no conoces, eliges frases amables sin pensarlo. Fíjate en cuáles son. Quizá mañana puedas decirte alguna de ellas a ti.