Un universo compartido › Blog › Cuando el tiempo vuela: el estado de fluir · English
Fluir, o estar en estado de flow, es meterse tanto en lo que haces que el tiempo vuela y lo demás se borra. El psicólogo Mihály Csíkszentmihályi vio que aparece sobre todo cuando una tarea te exige mucho y tienes la habilidad justa para hacerle frente, y se puede encontrar en cosas muy corrientes. Te pones a hacer algo y, cuando levantas la cabeza, han pasado dos horas. No has pensado en nada más. No sentías alegría ni tristeza: estabas dentro de lo que hacías.
En los años setenta, Csíkszentmihályi y sus alumnos de la Universidad de Chicago estudiaron a jugadores de ajedrez, escaladores, gente que bailaba y cirujanos. Muchos describían lo mismo cuando hablaban de sus mejores momentos: una concentración tan honda que el tiempo parecía detenerse y los demás pensamientos se apagaban.
Al principio lo llamó «experiencia autotélica», algo que se hace por sí mismo. En las reuniones del equipo empezaron a decir «flow», fluir, una palabra que tomaron de uno de sus entrevistados, un poeta y escalador. Lo cuenta la revista de la Universidad de Chicago, que recuerda también que no todos lo vivían: de treinta escaladores, solo nueve decían sentirlo con regularidad.
La clave que encontró es el equilibrio entre lo que la tarea te pide y lo que sabes hacer. Si es demasiado fácil, aburre. Si es demasiado difícil, angustia. Cuando la exigencia es alta y tu habilidad está a la altura, es más fácil que aparezca.
Por eso no fluimos con cualquier cosa ni en cualquier momento. Lo mismo que hoy te absorbe puede aburrirte dentro de unos meses, cuando lo domines, y pedirte un paso más.
En 1989, Csíkszentmihályi y Judith LeFevre siguieron durante una semana a 78 trabajadores adultos. Les avisaban a horas al azar para que anotaran qué hacían y cómo se sentían. La mayor parte de los momentos de flujo aparecieron trabajando, no en el tiempo libre. Y casi todo lo que medía cómo se sentía una persona dependía más de si estaba fluyendo que de si estaba en el trabajo o descansando.
Lo curioso es que, aun así, las mismas personas preferían el tiempo libre: decían tener más ganas de estar ahí que en el trabajo. Los autores concluyeron que estos resultados dan pistas para mejorar la vida de cada día. Una lectura sencilla: el tiempo libre también puede llenarse de cosas que nos pidan un poco.
No hace falta escalar montañas. Se fluye cocinando, tocando un instrumento, arreglando algo, cuidando plantas, dibujando, haciendo deporte, en una buena conversación. Csíkszentmihályi observó que la gente fluye más a menudo haciendo algo que descansando, y era crítico con los pasatiempos pasivos, como pasar horas delante de la televisión, frente a las aficiones que piden algo de nosotros.
Eso no quiere decir que descansar sea malo. Tumbarse sin hacer nada también hace falta. Es otra cosa.
No hay una receta, pero estas ideas sencillas ayudan a hacerle sitio:
Fluir no resuelve lo que preocupa, pero da un respiro verdadero: durante un rato, la cabeza descansa de sí misma. Por eso ayuda tanto cuando se está esperando algo o pasando una mala racha. Junto a las pequeñas alegrías del día, es de esos ratos que sostienen.
Si llevas semanas sin poder concentrarte en nada, sin ganas de lo que antes te gustaba, puede ser algo más que una racha. En ese caso, merece la pena contarlo a tu médico de cabecera o a un psicólogo.
Si has encontrado algo que te hace perder la noción del tiempo, puedes contarlo en una estrella de Un universo compartido con «Lo que agradezco». A lo mejor le da una idea a quien lo lea.
La estrella no lleva tu nombre ni nada que diga quién eres, brilla siete días y otras personas pueden acompañarla con un toque o con unas palabras.