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Esperar los resultados de una prueba médica

Esperar y tener esperanza · 6 min de lectura · Publicado el 25 de octubre de 2026

Te han hecho la prueba y te han dicho que te llamarán. Desde entonces, cada vez que suena el teléfono se te encoge el estómago. La espera de unos resultados médicos puede durar días o semanas, y quienes la han estudiado saben que a veces pesa tanto como la noticia misma.

Una angustia que ya tiene nombre

En 2011, el escritor estadounidense Bruce Feiler acuñó en un artículo de prensa una palabra inglesa para la inquietud que sienten los pacientes de cáncer alrededor de cada prueba de imagen: «scanxiety», algo así como la ansiedad del escáner.

Unos años después, un equipo médico estadounidense llevó esa palabra al título de un estudio y quiso medir lo que nombraba. Preguntaron a 103 personas con cáncer de pulmón avanzado y el 83 % contó que sentía algo de esa angustia alrededor de las pruebas. No era menor en quienes llevaban más tiempo con la enfermedad ni dependía de cómo iba, y cuanto más fuerte era, peor era su calidad de vida.

No hace falta estar tan grave para conocerla. Una mamografía que te piden repetir, una biopsia, un análisis con un valor raro: basta una duda sobre la salud para que la cabeza no encuentre descanso.

Cómo cambia el miedo mientras esperas

La psicóloga Kate Sweeny, de la Universidad de California en Riverside, lleva años estudiando cómo vivimos las esperas. Para ello ha seguido muchas veces a un grupo con una espera larga y con fecha fija: los licenciados en Derecho que se examinan para ejercer de abogados en California y tardan unos cuatro meses en saber si han aprobado.

En uno de esos estudios, con 50 licenciados, vio que la angustia no era igual todo el tiempo. Era alta justo después del examen, bajaba hacia la mitad de la espera y volvía a subir en las últimas semanas, hasta llegar a lo más alto el día antes de los resultados. Al acercarse la fecha, hasta los más optimistas se volvían más pesimistas.

Si a ti te pasa algo parecido, no quiere decir que algo vaya mal ni que estés llevándolo peor que otros. Es la forma que suelen tener las esperas. Saberlo puede quitarte un susto de encima cuando, a pocos días de la cita, todo empiece a verse más negro.

¿Sirve ponerse en lo peor?

Mucha gente se pone en lo peor desde el primer día, con la idea de que así, si llega la mala noticia, dolerá menos. Sarit Golub, Daniel Gilbert y Timothy Wilson lo pusieron a prueba en 2009 con dos experimentos de laboratorio y un estudio de campo. Quienes esperaban algo malo se sentían peor durante la espera que quienes esperaban algo bueno. Pero cuando llegaba el resultado, lo que cada uno había esperado no cambiaba de forma apreciable cómo se sentía.

El pesimismo adelantado costaba días malos y no ahorraba dolor después. Sweeny llega a una idea parecida. Lo más llevadero sería mantener la esperanza mientras se pueda y prepararse para lo malo cerca del momento de la verdad, no semanas antes. Ese prepararse del final es natural: casi todo el mundo lo hace sin proponérselo.

Prepararse tampoco tiene por qué ser imaginar la peor escena con todo detalle. Puede ser algo más práctico: pensar a quién llamarías, qué le preguntarías al médico, quién podría acompañarte a la consulta.

Tres maneras de pasar los días

Sweeny y su equipo han probado varias maneras de llevar mejor la espera. Estas tres dieron buenos resultados:

Llevado a la vida diaria, puede ser un crucigrama, una labor de punto, una receta nueva, ordenar fotos viejas o salir de noche a mirar el cielo. No se trata de huir del miedo, sino de darle a la cabeza otro sitio donde estar un rato.

Con quién esperar

En otro estudio con 184 licenciados que esperaban su nota, el equipo de Sweeny se fijó en las parejas. Quienes sentían que su pareja estaba atenta a lo que necesitaban tenían más emociones positivas, sentían que lo llevaban mejor y dormían mejor durante la espera.

Lo que cada uno necesita no es siempre lo mismo. Unos días apetece hablar del miedo; otros, que te distraigan; otros, que nadie pregunte. Decirlo en voz alta ayuda a quien está a tu lado a acertar.

Si eres tú quien acompaña, más que asegurar que todo saldrá bien, cosa que nadie puede saber, sirve preguntar qué le vendría bien hoy y estar.

El día de la cita

Cuando por fin llega el día, puede ayudar ir con alguien, llevar apuntadas las preguntas y pedir que te repitan lo que no entiendas. Si la noticia es mala, no hace falta decidirlo todo en esa consulta: puedes pedir tiempo y otra cita para preguntar con más calma. Si es buena, date permiso para celebrarlo y contarlo.

Si la espera te quita el sueño durante semanas o la noticia se te hace demasiado grande, coméntalo con tu médico. Y si sientes que no puedes con ello, apóyate en alguien de confianza. Puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito y te atienden las 24 horas.

Hasta que llamen

En una estrella con «Lo que espero» cabe un «mañana me dan los resultados», sin más detalles. Puedes encenderla en Un universo compartido por ti o por alguien a quien quieres. Durante la espera, quien pase dejará un toque o una frase de esperanza.

Fuentes

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