Un universo compartido › Blog › Cuando llega el otoño y baja el ánimo · English
La madrugada del último domingo de octubre los relojes volvieron una hora atrás, y desde entonces a media tarde ya es de noche. Hay quien apenas lo nota y hay quien siente que, con la luz, se le va también el ánimo. Tiene explicación, y hay cosas que ayudan.
El cuerpo tiene un reloj interno que se ajusta cada día con la luz. Cuando los días se acortan, ese ajuste cambia, y con él sustancias del cerebro relacionadas con el sueño y el ánimo, como la melatonina y la serotonina, según explica el servicio de salud británico (NHS). Y los días siguen acortándose hasta el solsticio de diciembre.
En una encuesta por correo a 1.671 personas de cuatro ciudades de Estados Unidos aparecieron patrones de invierno muy reconocibles: más sueño, más peso y el ánimo más bajo. En unas personas es una molestia llevadera; en otras, bastante más.
La historia de cómo se descubrió empieza con un paciente. Herb Kern, un ingeniero investigador, llevaba años apuntando cómo cambiaba su ánimo y vio que cada invierno se deprimía. Sospechó que la falta de luz tenía que ver y se lo contó a los científicos del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos que estudiaban los ritmos del cuerpo. Le trataron con luz artificial intensa y mejoró. El caso se publicó en 1982.
Uno de aquellos investigadores era el psiquiatra Norman Rosenthal, nacido en Sudáfrica, que había notado que él mismo se apagaba en los inviernos de Nueva York. En 1984 describió con su equipo a 29 pacientes que se deprimían cada año en la misma época, dormían de más, comían más y tenían ansia de hidratos de carbono. Le puso nombre: trastorno afectivo estacional. En unas primeras pruebas con 11 de ellos, alargar el día con luz artificial intensa les mejoró el ánimo.
Entre notar que los días se acortan y tener un trastorno hay mucha distancia. El NHS describe el trastorno afectivo estacional como un tipo de depresión que suele aparecer en invierno, con ánimo bajo, pérdida de interés por lo que antes gustaba, cansancio y más apetito. Para hablar de un patrón estacional, el manual de diagnóstico de la psiquiatría estadounidense pide que se repita en la misma época al menos dos años seguidos. Los investigadores describen también una forma más leve, que se nota pero deja seguir con la vida.
La idea tiene críticos. Los primeros estudios encontraban más casos cuanto más al norte se vivía, pero en 2016 un estudio basado en una gran encuesta a adultos de Estados Unidos no halló relación entre la depresión y la latitud, la estación o las horas de sol, y sus autores propusieron revisar el diagnóstico. El patrón estacional sigue reconocido en el manual, y la discusión continúa. Lo que sí se reconoce cada vez más es que tener luz suficiente importa para el bienestar del cuerpo y de la mente.
Un equipo de las universidades de Copenhague y Aarhus analizó más de ciento ochenta y cinco mil atenciones hospitalarias por depresión en Dinamarca entre 1995 y 2012. Tras el paso del horario de verano al de invierno, los nuevos diagnósticos de depresión en el hospital aumentaron un 11 %, y la subida tardó unas diez semanas en desaparecer. El cambio de primavera no tuvo ese efecto.
Los autores creen que influye la impresión de ver anochecer de repente una hora antes, como aviso de una larga temporada de días cortos. Es un estudio de observación y habla de casos atendidos en el hospital, pero muestra que ese domingo de octubre no le resulta indiferente a todo el mundo.
En 1996, la investigadora Anna Wirz-Justice, de la Universidad de Basilea, probó algo muy sencillo con personas con trastorno afectivo estacional: un paseo de una hora al aire libre cada mañana durante una semana. La mitad se recuperó, frente a una de cada cuatro en el grupo que recibió una luz artificial débil. Es un solo estudio y de una semana, pero va en la línea de lo que se sabe sobre la luz.
La diferencia entre dentro y fuera es enorme. En la calle, un día nublado da unos mil lux; el salón de una casa con la lámpara encendida se queda en torno a 50, y una oficina, entre 320 y 500. Por eso salir, aunque esté gris, no es lo mismo que estar junto a la lámpara.
Existen también lámparas de luz muy intensa, de unos diez mil lux, que se usan como tratamiento. Si te lo planteas, coméntalo antes con tu médico, que podrá decirte si es tu caso y cómo usarlas.
Si el ánimo bajo dura más de dos semanas, casi todos los días; si dejas de disfrutar de lo que te gustaba; si te cuesta sostener el trabajo o la casa; o si te pasa lo mismo cada otoño desde hace años, habla con tu médico de cabecera. Tiene tratamiento. Y si aparecen pensamientos de muerte, no los guardes para ti. Puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito y te atienden las 24 horas.
Cuando oscurece a las seis, el cielo de Un universo compartido sigue encendido. Si estas semanas se te hacen cuesta arriba, cuéntalo en una estrella con «Lo que me pesa», sin tu nombre. Siete días de luz, y alguien que pasa a dejarte un toque.