Un universo compartido › Blog › Echar de menos a alguien que está lejos · English
Hay una silla vacía en la comida del domingo, un teléfono que miras a la hora en que suele llamar, un paquete que preparas con lo que allí no encuentra. Cuando la persona que quieres vive lejos, la distancia se cuela en los detalles pequeños de cada día.
Según el Instituto Nacional de Estadística, a 1 de enero de 2026 había más de 3,2 millones de personas con nacionalidad española inscritas como residentes en el extranjero. No todas se fueron de aquí, porque muchas nacieron fuera, pero detrás de muchas hay padres, abuelos, hermanos y amigos que se quedaron. Y muchas de las personas que han llegado a España desde otros países tienen a su familia a miles de kilómetros.
A eso se suman los hijos que estudian o trabajan en otra ciudad, las parejas que viven separadas por trabajo y los amigos que se mudaron. La investigadora Loretta Baldassar, de la Universidad de Australia Occidental, estudió a emigrantes italianos en Australia y a sus padres mayores en Italia, y en un trabajo de 2008 defendía que echar de menos y añorar no son solo una pena: son lo que empuja a las familias a hacer el esfuerzo de seguir unidas. Visto así, echar de menos es una señal de que el vínculo sigue vivo, y duele porque esa persona importa.
Baldassar describió cuatro formas en que las familias se sienten juntas a pesar de la distancia:
Estas formas se complementan entre sí. Juntas componen una manera de estar cerca que no depende solo de compartir casa.
En 2013, los investigadores Crystal Jiang y Jeffrey Hancock publicaron un estudio que comparaba parejas de novios que vivían lejos con otras que vivían cerca. Los participantes llevaron un diario en el que apuntaban cada vez que se comunicaban con su pareja, en persona, por teléfono, por videollamada o por mensajes. Reunieron más de tres mil interacciones.
Las parejas a distancia se comunicaban menos veces, pero se sentían más unidas. Contaban más cosas personales y tendían a ver con mejores ojos lo que hacía el otro. Según Jiang, se esforzaban más en mostrar cariño, y ese esfuerzo tenía recompensa.
El estudio se hizo con parejas, y no se puede trasladar sin más a padres e hijos o a amigos. Aun así, deja una idea que quizá te sirva: lo que más acerca no es la cantidad de contactos, sino lo que se cuenta en ellos.
Ver al otro con mejores ojos tiene su riesgo. En 2007, Laura Stafford y Andy Merolla, de la Universidad Estatal de Ohio, estudiaron parejas de novios a distancia. Mientras estaban separadas se mantenían estables, incluso más que las que vivían cerca. Pero cuando volvían a estar juntas tenían más probabilidades de romper. Cuanto más tiempo pasaban sin verse, más idealizaban al otro y peor les iba en el reencuentro.
No es motivo para preocuparse, sino una pista. Quizá ayude contarse también lo corriente, los días grises, lo que sale mal. Así, cuando os volváis a ver, os encontraréis con la persona real y no con un recuerdo retocado.
Hoy es posible saber casi en cada momento qué hace la otra persona. La investigadora Mirca Madianou, de la Universidad de Londres, estudió a familias filipinas con miembros emigrados al Reino Unido y habló de una cercanía de fondo: una conciencia constante, sin necesidad de hablar, de la vida del otro. En las relaciones sólidas, esa cercanía tranquilizaba. En las que ya tenían tensiones, podía traer más roces y sensación de control.
Por eso conviene no exigir respuesta inmediata ni leer cada silencio como una mala señal. Unas horas sin contestar pueden tener mil explicaciones que nada tienen que ver contigo.
Si quien está lejos lo está pasando mal, también puedes encender una estrella por esa persona.
El día del reencuentro es una fiesta, pero puede traer algún desajuste: cada uno ha cambiado un poco, hay costumbres nuevas y cuesta volver a encontrar el sitio. Darse unos días ayuda.
Luego llega otra despedida, que a veces duele más porque ya sabes lo que viene. Date permiso para estar triste esos días. Echar de menos no tiene cura, pero se lleva mejor con compañía.
La distancia no cabe en 280 caracteres, pero lo que esperas sí: el próximo viaje, la próxima llamada, que le vaya bien. Escríbelo en una estrella «Por alguien» con «Lo que espero». Brillará siete días, y quien pase por ella podrá dejar una frase de esperanza.