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El dinero y la felicidad

Agradecer y alegrarse · 4 min de lectura · Publicado el 18 de octubre de 2026

En parte sí: con más ingresos la gente valora mejor su vida y, para la mayoría, también se siente algo mejor en el día a día, aunque cada euro de más cuenta menos cuanto más se tiene. «El dinero no da la felicidad» lo dice sobre todo quien lo tiene. Y «con dinero todo se arregla», quien no. Los estudios dan parte de razón a los dos.

Lo que encontraron en 2010

En 2010, el psicólogo Daniel Kahneman y el economista Angus Deaton analizaron más de cuatrocientas cincuenta mil respuestas a una encuesta diaria hecha en Estados Unidos. Vieron que, a más ingresos, mejor valoraba la gente su vida. Pero el ánimo del día a día, cuánta alegría o cuánta preocupación sentían, mejoraba con los ingresos solo hasta cierto punto; a partir de ahí, ganar más cambiaba poco. Situaron ese punto en torno a los setenta y cinco mil dólares al año.

Su trabajo dejó una distinción útil. Una cosa es lo que piensas de tu vida cuando te paras a valorarla; otra, cómo te sientes un martes normal a media tarde. El dinero parecía influir mucho más en lo primero que en lo segundo.

Lo que se ha matizado

Estudios posteriores con más datos, en los que participó el propio Kahneman, han encontrado que para la mayoría de la gente el bienestar sigue subiendo con los ingresos, aunque cada vez más despacio.

En 2021, el investigador Killingsworth reunió más de 1,7 millones de respuestas de más de treinta y tres mil adultos con trabajo, a quienes se preguntaba en distintos momentos del día cómo se sentían. No encontró ningún punto a partir del cual el ánimo dejara de mejorar. Para aclarar la contradicción, Killingsworth, Kahneman y Mellers trabajaron juntos y en 2023 publicaron un nuevo análisis de los datos: el estancamiento solo aparecía en las personas menos felices; en las demás, el bienestar seguía creciendo con los ingresos.

Lo que cuenta en todos estos estudios es la proporción, no la cantidad. Mil euros más cambian mucho la vida de quien gana poco y apenas se notan en la de quien gana mucho. Por eso el dinero pesa muchísimo cuando falta, y pesa mucho menos cuando lo básico está cubierto.

En qué se gasta

No solo importa cuánto se tiene, también cómo se usa. En 2008, Elizabeth Dunn, Aknin y Norton publicaron un estudio en la revista Science: dar dinero a otras personas o gastarlo en ellas se asociaba a más felicidad, y quienes recibieron una cantidad para gastar en otros, elegidos al azar, acabaron el día más contentos que quienes la gastaron en sí mismos.

Años después, Whillans, Dunn y otros colegas encuestaron a más de seis mil personas de Estados Unidos, Canadá, Dinamarca y los Países Bajos. Quienes pagaban por servicios que les ahorraban tiempo estaban más satisfechos con su vida, y en un experimento con adultos que trabajaban, gastar en ganar tiempo dio más alegría que gastar en una cosa.

Si te interesa la parte de dar, aquí se cuenta por qué ayudar a otros también hace bien a quien ayuda.

Lo que el dinero no compra

Tiempo con quien quieres, sentirte útil, tener a quién llamar. Son cosas que no aparecen en ninguna nómina y que pesan mucho en cómo se vive. El estudio más largo sobre la vida adulta llegó a una conclusión parecida, y la contamos en lo que de verdad hace una vida buena.

Cuando el dinero no llega

La preocupación por no llegar a fin de mes es de las que más desgastan y de las que menos se cuentan. Da vergüenza decirla en voz alta, y se queda dando vueltas por la noche.

Si sientes que ya no puedes más, no lo lleves sin compañía. Si lo estás pasando muy mal, puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito, confidencial y te atienden las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, llama al 112.

Si el dinero es lo que te pesa

En Un universo compartido puedes encender una estrella con «Lo que me pesa», sin decir quién eres y sin cuentas ni registro. Escribes en pocas líneas lo que te preocupa, y otras personas pueden acompañarla con un toque o con unas palabras de ánimo. Ver que alguien la ha acompañado no paga ninguna factura, pero sí puede quitar un poco de esa sensación de estar pasándolo sin nadie.

Fuentes

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