Un universo compartido › Blog › Cuánto dura un duelo · English
«Ya tendría que estar mejor». Muchas personas se lo dicen a sí mismas pasados unos meses, y otras lo oyen de quienes las rodean. Detrás hay una pregunta que pocas veces se hace en voz alta: cuánto tiempo es normal que duela.
El duelo no tiene una fecha de final. Lo que sí han visto quienes lo investigan es que cambia de forma. La psiquiatra Katherine Shear, que fundó en la Universidad de Columbia un centro dedicado al duelo prolongado, distingue entre el duelo agudo y el duelo integrado. El agudo es el de las primeras semanas y meses: lo ocupa todo, el sueño, la comida, los pensamientos. El integrado llega después, poco a poco, cuando la persona que murió deja de llenar cada minuto y pasa a tener un sitio tranquilo dentro de tu vida.
Ese cambio no significa olvidar ni querer menos. Se puede echar de menos a alguien durante el resto de la vida y, a la vez, volver a trabajar, a reír y a hacer planes. Cuando eso ocurre, el duelo no ha terminado: se ha hecho compatible con vivir.
En el Estudio de Duelo de Yale, publicado en 2007 en la revista médica JAMA, Paul Maciejewski, Holly Prigerson y sus colegas siguieron a 233 personas de Connecticut que habían perdido a un familiar por una muerte natural, por enfermedades como el cáncer o las del corazón. Las entrevistaron varias veces, desde el primer mes hasta los dos años.
El sentimiento doloroso que más se repetía no era el abatimiento sino la añoranza: las ganas de que esa persona volviera. Alcanzaba su punto más alto hacia el cuarto mes. De media, los sentimientos más duros llegaban a su máximo antes de los seis meses y después iban bajando, mientras que la aceptación de la muerte estaba presente desde el principio y crecía con el tiempo.
Son medias de un grupo concreto: la mayoría había perdido a su pareja y la mitad pasaba de los 65 años, y el estudio dejó fuera las muertes por accidente o por suicidio. No describen el camino de cada persona. El dolor tampoco baja en línea recta. Va y viene, como se cuenta en El duelo no va por fases, y suele volver con fuerza en las fechas que duelen.
En una parte de las personas, el dolor no se transforma: sigue igual de intenso con el paso de los meses y no deja vivir. Para esos casos, la Organización Mundial de la Salud incluyó el trastorno de duelo prolongado en su nueva Clasificación Internacional de Enfermedades, la CIE-11, presentada en 2018 y en vigor desde enero de 2022. La Asociación Estadounidense de Psiquiatría lo añadió también a su manual de diagnóstico, el DSM-5-TR, en marzo de 2022.
Las dos describen algo parecido: una añoranza muy intensa de quien murió, o un pensar en esa persona casi constante, con un dolor emocional fuerte y con dificultades serias para llevar la vida de cada día. Entre las señales que recogen están estas:
Los dos manuales no coinciden en el tiempo. La CIE-11 habla de más de seis meses desde la muerte, y el DSM-5-TR pide al menos doce en adultos. Ambos exigen además que el duelo vaya claramente más allá de lo que se espera en la cultura y el entorno de cada persona. Esa diferencia muestra que la frontera entre un duelo largo y uno que necesita tratamiento es un acuerdo entre especialistas, y que valorarla es cosa de un profesional, no de un calendario.
Es menos frecuente de lo que muchas personas temen. En 2017, Marie Lundorff y sus colegas reunieron catorce estudios con adultos que habían perdido a alguien por una muerte no violenta. De media, alrededor de una de cada diez personas cumplía los criterios del duelo prolongado, y la proporción era mayor en los grupos de más edad.
Tras las muertes inesperadas o violentas, como accidentes, catástrofes o suicidios, el duelo se alarga con mucha más frecuencia. Lo encontró en 2020 otro análisis que reunió veinticinco estudios, aunque sus autores advierten de que eran muy distintos entre sí y piden tomar la cifra con cautela. Si tu pérdida fue así, es comprensible que te esté costando tanto, y buscar ayuda pronto puede ser una buena idea.
Hay muchas cosas del duelo que asustan y que forman parte de un duelo corriente, también al cabo de un año o de varios:
Conviene hablarlo con tu médico de familia o con un profesional de la salud mental cuando, pasados muchos meses, el dolor sigue ocupándolo todo; cuando no consigues hacer lo básico, como comer, dormir, trabajar o cuidar de los tuyos; cuando evitas todo lo que te recuerda que ha muerto, o cuando sientes que nada tiene sentido. Si piensas en morir o en irte con esa persona, no hace falta esperar a ningún plazo: es algo para contar hoy mismo. Puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito y te atienden las 24 horas.
El duelo prolongado tiene tratamiento psicológico. En 2005, Katherine Shear y su equipo publicaron en JAMA un ensayo que comparó una terapia pensada para este tipo de duelo con una psicoterapia de uso general. Participaron 95 personas, con unas dieciséis sesiones cada una. Respondió bien el 51 % de quienes recibieron la terapia específica, frente al 28 % de quienes recibieron la otra. Se suele citar como el primer ensayo controlado que mostró la eficacia de un tratamiento para este duelo, aunque sus autores reconocieron que la otra mitad de los pacientes no mejoraba lo suficiente.
Pedir esa ayuda no es rendirse ni dejar de querer a quien murió. Es buscar la manera de llevar su recuerdo sin que te impida vivir. Si te cuesta dar el paso, en Pedir ayuda cuando cuesta hay ideas para empezar.
En Un universo compartido nadie pregunta cuánto tiempo hace. Puedes encender una estrella «Por alguien que ya no está» a los tres meses o a los veinte años, un día señalado o un martes sin más. Durante siete días, quien pase por ella le dedicará un recuerdo.