Un universo compartido › Blog › Sentir cerca a quien se fue · English
Sentir la presencia de un ser querido que ha muerto es frecuente: en un estudio clásico, casi la mitad de las personas viudas lo habían vivido, y la mayoría no lo había contado. En sí no es una señal de enfermedad; lo que conviene mirar es si te consuela o te angustia. Notas que está en la habitación. Oyes su voz diciendo tu nombre. Le hablas mientras cocinas. Y no se lo cuentas a nadie, por si piensan que te pasa algo.
En 1971, el médico galés W. Dewi Rees entrevistó a 293 personas viudas de una zona de Gales central (227 mujeres y 66 hombres), que eran cuatro de cada cinco de todas las que vivían allí. Cerca de la mitad le contaron que habían tenido experiencias de su marido o de su mujer después de morir, lo que él llamó alucinaciones o ilusiones.
Era poco habitual que lo hubieran contado, ni siquiera a amigos o familiares cercanos. Las experiencias eran más frecuentes en los primeros diez años de viudedad y a veces duraban años. Rees publicó su trabajo en la revista médica británica BMJ y concluyó que eran algo normal y que ayudaba a sobrellevar la viudedad.
Rees no encontró que fueran más frecuentes en quienes vivían más aislados ni en quienes tenían depresión. Sí eran más comunes en quienes habían enviudado después de los cuarenta años, en quienes habían tenido un matrimonio feliz y cuanto más largo había sido el matrimonio. Es decir, tenían más que ver con el amor y los años compartidos que con estar mal.
Sentir cerca a quien se fue es una de las formas que toma el vínculo cuando la persona ya no está. Para muchas personas es un consuelo: una manera de seguir hablándole, de no sentir que se ha ido del todo.
La investigación más reciente añade un matiz. Un estudio con madres que habían perdido a un hijo encontró que lo que marcaba la diferencia era si ese vínculo les resultaba más reconfortante que angustioso: quienes lo vivían como consuelo tenían menos síntomas de malestar. Lo importante no es tanto lo que se siente como lo que te hace sentir.
Muchas personas lo callan por miedo a que piensen que han perdido la cabeza o a que les quiten importancia. Si alguien te confía algo así, lo que más ayuda es escuchar sin juzgar y sin intentar explicarlo. Puedes preguntarle cómo lo vivió y si le hizo bien. A veces, poder contarlo una vez ya alivia mucho.
Si esas experiencias te asustan, te dan órdenes o no te dejan hacer tu vida, coméntalo con un profesional, empezando por tu médico de cabecera. Si te acompañan, no hay nada que arreglar.
Y si la pena por su ausencia se te hace insoportable, no la pases sin compañía. Si lo estás pasando muy mal, puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito, confidencial y te atienden las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, llama al 112.
En Un universo compartido puedes encender una estrella «Por alguien que ya no está» y escribir lo que le dirías. Quien la lea sabrá de qué hablas.
Otras personas la acompañarán con un toque o con palabras de memoria y de consuelo. Si quieres leer más sobre cómo sigue el lazo con quien se fue, puedes ver Seguir unido a quien se fue.