×
compartiendo.org

Un universo compartido › Blog › Por qué necesitamos ritos para despedirnos · English

Por qué necesitamos ritos para despedirnos

Recordar a quien ya no está · 6 min de lectura · Publicado el 24 de octubre de 2026

Dibujar cómo te sientes, echar una pizca de sal sobre el papel, romperlo en pedazos y contar hasta diez cinco veces. Parece un juego de niños, pero fue el rito que dos investigadores de Harvard pidieron hacer a un grupo de personas que acababan de perder algo. Lo que vieron ayuda a entender por qué, en todas las culturas, ante la muerte se responde con gestos.

Lo que se estudió en Harvard

Michael Norton y Francesca Gino, de la Escuela de Negocios de Harvard, publicaron en 2014 en la revista Journal of Experimental Psychology: General varios estudios sobre los ritos que hacemos después de una pérdida. Empezaron preguntando a 76 personas por una pérdida importante, la muerte de un ser querido o el final de una relación, y por algún rito que les hubiera ayudado a sobrellevarla. Casi ninguno era religioso ni se hacía en público: eran costumbres privadas, inventadas por cada uno. Alguien seguía yendo a la peluquería el primer sábado de cada mes, como hacía con la persona que había perdido; otro lavaba cada semana su coche, como hacía él.

Después pidieron a 247 personas que escribieran sobre una pérdida. A la mitad les pidieron además que contaran un rito que hubieran hecho entonces. Quienes recordaron su rito dijeron sentir menos pena que quienes solo escribieron sobre lo que habían perdido.

Como en un laboratorio no se puede provocar una muerte, para los siguientes experimentos usaron una pérdida pequeña: un sorteo de 200 dólares entre estudiantes en el que ganaba uno de cada grupo. A parte de los que perdían se les pidió el rito de la sal y el papel roto; a los demás, que se limitaran a dibujar cómo se sentían. Los del rito dijeron sentir menos disgusto. Los propios autores advierten que perder un sorteo no se parece a perder a una persona. Lo que buscaban era ver si el gesto, por sí mismo, cambiaba algo.

Hacerlo, no solo saberlo

Dos detalles del estudio llaman la atención. El primero, que el rito ayudó igual a quienes creían en los ritos que a quienes no. El segundo salió del último experimento: a unos se les pidió hacer el rito; a otros se les contó, sin más, que mucha gente hace uno tras una pérdida; a otros se les pidió quedarse un rato en silencio. La pena bajó únicamente en quienes hicieron el rito con sus propias manos.

La explicación que proponen es que una pérdida deja la sensación de que la vida se escapa de las manos. Un rito no cambia lo que ha pasado, pero devuelve un poco de control: hay algo que hacer, en un orden, con un principio y un final. En sus datos, quienes hacían el rito se sentían menos indefensos, y eso explicaba buena parte del alivio.

Leerlo con prudencia

Son estudios pequeños, hechos con voluntarios por internet y con estudiantes, que medían la pena con cuestionarios en un momento concreto. Hay además otra razón para la cautela. En 2025, Harvard retiró a Francesca Gino su plaza fija de profesora tras concluir que había cometido mala conducta científica en cuatro artículos que no tratan de los ritos ni del duelo. Ella lo niega y ha llevado el caso a los tribunales. Sobre este estudio no hay ninguna acusación, pero Gino participó en la recogida de sus datos, esos datos no están disponibles para que otros investigadores los revisen y sus resultados no se han podido comprobar de forma independiente.

Otros trabajos apuntan en una dirección parecida, con matices. Alexander Burrell y Lucy Selman, de la Universidad de Bristol, revisaron en 2020 diecisiete estudios sobre los funerales y la salud de las familias. Sobre si asistir a un funeral ayuda o no, los resultados eran desiguales: unos encontraban beneficios y otros no. Lo que sí se repetía en los relatos de las familias era otra cosa: la despedida ayudaba cuando habían podido darle forma a su manera, de un modo que tuviera sentido para ellas.

Un paso de una orilla a otra

Mucho antes de estos experimentos, el antropólogo Arnold van Gennep publicó en 1909 un libro sobre los ritos que acompañan los grandes cambios de la vida: nacer, hacerse adulto, casarse, morir. Vio que casi todos siguen tres pasos: separarse de lo que había, pasar un tiempo intermedio y volver a la vida con un lugar nuevo.

En una muerte, ese paso no lo da solo quien se va. También lo dan quienes se quedan: dejan de ser la hija, el marido o el amigo de alguien que vivía, pasan un tiempo de luto y vuelven poco a poco a la vida de todos. Por eso los ritos no son únicamente para el difunto. Dicen en voz alta que algo ha cambiado, reúnen a la gente alrededor de quien sufre y abren un tiempo en el que está permitido no estar bien.

Cuando no hubo despedida

Hay muertes que se quedaron sin rito: la de quien murió lejos, las de los meses de la pandemia en que muchas familias no pudieron acompañar a los suyos ni despedirlos como habrían querido, la de quien se enteró tarde o no pudo ir. Esa despedida que faltó pesa durante años.

Un rito no caduca. Se puede hacer meses o años después y sigue teniendo sentido. Tampoco hace falta que sea grande: lo que sugieren estos estudios es que importa menos qué gesto se elige que hacerlo con intención, sabiendo para qué y por quién.

Ideas para un rito propio

Si te apetece crear el tuyo, estas son algunas maneras que usan muchas personas. Quédate con lo que te diga algo:

Los ritos que más acompañan suelen tener un principio y un final claros, se repiten y están hechos a tu medida. Viene bien pensar antes cómo quieres pasar las fechas que duelen, porque un gesto preparado ayuda a que el día no llegue por sorpresa. Si lo haces en familia, cada uno puede aportar algo; si prefieres hacerlo sin nadie delante, también vale.

Si el rito se vuelve una carga

Un rito ayuda mientras acompaña. Si se convierte en una obligación que angustia, si temes que algo malo pase cuando no lo haces o si te impide seguir con tu vida, conviene hablarlo con un profesional. Lo mismo si, pasado mucho tiempo, la pena sigue igual de intensa y no te deja vivir. Puedes hablar con una persona en el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, a cualquier hora. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024: es gratuito y te atienden las 24 horas.

Un rito pequeño

Un rito no tiene que ser solemne. Encender una estrella «Por alguien que ya no está» el mismo día cada semana, con unas líneas para esa persona, también puede serlo.

Fuentes

Sigue leyendo

✦ Enciende tu estrella