Un universo compartido › Blog › Cada estrella tiene nombre · English
Aldebarán, Vega, Altair, Betelgeuse. Los nombres de las estrellas suenan a otro tiempo y a otra lengua. Detrás de cada uno hay alguien que miró al cielo y quiso distinguir una luz de las demás.
Muchos de los nombres que usamos son árabes. Los astrónomos de la Edad Media que escribían en árabe conservaron y ampliaron el saber de los griegos, y sus nombres pasaron después al latín y a nuestras lenguas. Aldebarán quiere decir «la que sigue», porque sale detrás de las Pléyades. Altair viene de «el águila que vuela». Hoy es la Unión Astronómica Internacional la que fija los nombres oficiales.
A simple vista se ven unos pocos miles de estrellas, y solo unos cientos tienen nombre propio. Las demás llevan una letra o un número de catálogo. Poner nombre a una es sacarla del montón: decir que esa, y no otra, importa.
Hay un salmo en la Biblia, el 147, que dice de Dios que cuenta el número de las estrellas y llama a cada una por su nombre. Quien lo escribió miraba el mismo cielo que nosotros y no podía contarlas. La imagen que eligió para hablar del cuidado es esa: alguien para quien ninguna es una más.
Con las personas que hemos perdido pasa algo parecido. Decir su nombre en voz alta, contar quién era, es una manera de que no se pierda entre todos los demás. Los psicólogos que estudian el duelo llaman a esto mantener el vínculo, y han visto que no es quedarse atrás: es otra forma de seguir queriendo.
Hay empresas que venden «ponerle tu nombre a una estrella». Conviene saberlo: esos nombres no tienen ningún valor oficial y no los reconoce ningún astrónomo. No hace falta comprar nada para mirar una estrella y acordarse de alguien.
En Un universo compartido puedes encender una estrella «Por alguien que ya no está». No lleva su nombre, porque aquí nadie dice quién es. Pero tú sabes por quién brilla.